Posteado por: zco1999 | 30 agosto 2016

Buceo, huesos y brujería en Calpe

(editado de abc.es)

Unos buceadores realizaron el sábado 27 de agosto de 2016 un macabro hallazgo mientras se sumergían en el mar en la localidad alicantina de Calpe, junto al Peñón de Ifach (una zona muy popular para los amantes del submarinismo): unos restos óseos de un ser humano envueltos en una sábana y sumergidos en el mar.

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El Peñón de Ifach, en cuyos fondos se encontraron los restos oseos humanos.

La Guardia Civil se ha hecho cargo de las investigaciones para determinar la identidad de los restos óseos humanos, que han sido encontrados esta mañana por los citados buceadores. Al parecer, el cuerpo podría llevar bastante tiempo sumergido en esa zona, lo que explicaría que solo quedasen los huesos. Según fuentes de la investigación, se trata de un esqueleto completo.

Los restos han sido localizados envueltos en una sábana junto con varios objetos. Aunque no se ha especificado la naturaleza de dichos objetos, su presencia parece apuntar a que con el cadáver se habría realizado algún tipo de ritual esotérico. La zona donde ha sido hallado, aunque a los pies del escarpado Peñón de Ifach, son de relativamente fácil acceso desde el paseo marítimo de Calpe, según dichas fuentes.

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Un buceador del GEAS asciende con algunos de los restos oseos hallados en los fondos de Calpe.

Los restos óseos han sido localizados por submarinistas del Centro de Buceo Les Basetes de Calpe. Según las mismas fuentes, la Policía Judicial se ha hecho cargo de los restos óseos y se ha iniciado la pertinente investigación para identificar el cadáver.

Posteriormente, el domingo 28 de agosto, el Grupo Especial de Actividades Subacuática (GEAS) de la Guardia Civil ha hallado, mientras rastreaban la zona tras la aparición, el día anterior, de restos óseos correspondientes a un cuerpo humano casi completo, otros cinco o seis huesos envueltos en una sábana junto con varios objetos (un cuchillo, cañas y una muñeca de juguete) en aguas de Calpe (Alicante), muy cerca de donde este sábado se descubrieron restos óseos humanos en otra sábana en el fondo del mar.

Los nuevos restos se están analizando para saber si se trata de huesos son humanos o no, ya que se trata huesos de pequeño tamaño. Estos nuevos huesos y objetos fueron localizados a unos 19 m de profundidad en una zona conocida como el Nido del Águila, situada a unos 300 m de donde se encontraron el sábado los primeros restos óseos humanos y más objetos en aguas del Peñón de Ifach, en Calpe.

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Un GEAS identifica uno de los envoltorios con restos oseos encontrados en los fondos de Calpe.

Tras los primeros análisis forenses, se ha concluido que los huesos llevaban entre 30 y 40 años enterrados, de ahí el tono marrón oscuro, pero hace tan solo entre 48 y 72 horas que habían sido arrojados al mar. Todavía no hay identificación, pendiente de las pruebas de ADN, pero para añadir más enigmas, también hay restos óseos de animales, junto con otros objetos como un cuchillo y una muñeca. No se aprecian signos de violencia.

Por si faltaran elementos para la intriga, algunos testigos de la escuela de buceo aseguran haber avistado un tercer envoltorio similares, que de momento no se ha podido localizar.

Antes de aventurarse con una explicación concluyente sobre el origen de estos huesos, desde la Guardia Civil – que se ha hecho cargo del caso para determinar la identidad del cadáver, la procedencia de los huesos localizados ahora y el significado de los objetos encontrados- señalan que están consultando a especialistas en los rituales de santería, ya que algunos detalles no concuerdan con estas prácticas.

Más información:

 

(Modificado del diaridetarragona.com y elpaís.com)

Un joven buceador de 22 años de edad y vecino de Tarragona, M.J.R., falleció ayer cuando practicaba submarinismo en la zona del Parc Subaquàtic, situado en el rompeolas de la zona portuaria. Ayer se desconocían las causas de su fallecimiento a la espera de que hoy se le practique la autopsia.

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Mapa del parque subacuático del puerto de Tarragona.

La víctima había acudido a esta zona de inmersión en una lancha de la empresa Big Blue Center –situada en el edificio del Club Nàutic de Tarragona– junto con otros submarinistas. Según algunas fuentes, sobre la una y cuarto de la tarde, cuando hacía aproximadamente una hora que no se tenían noticias de él, se dio la voz de alarma. La lancha de Salvamento Marítimo LS Venus, Policia Portuària, Guardia Civil del puerto y Guàrdia Urbana se trasladaron al lugar.

La alerta sobre la desaparición del joven submarinista saltó pasada la una del mediodía del domingo. Se activó al cuerpo de emergencias de la Cruz Roja y a los efectivos de Salvamento Marítimo. Fueron unos submarinistas los que encontraron a la víctima en la zona donde se halla hundido el mercante Sa Dragonera. Sacaron a la víctima a la superficie con parada cardiorespiratoria y posteriormente lo llevaron al rompeolas, donde los servicios sanitarios trataron de reanimarle, sin conseguirlo, certificando su muerte sobre las dos menos cuarto de la tarde.

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El mercante SA Dragonera, principal atracción del parque subacuático, y donde fue hallado el buceador muerto.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Tarragona –que está de guardia– ha abierto diligencias previas para determinar qué pasó y si de ello se pueden derivar responsabilidades penales.

El presidente de la Societat d’Exploracions Submarines (SES) de Tarragona –la entidad que gestiona el Parc Subaquàtic en concesión–, Manel Salcedo, se limitó a confirmar al Diari el fallecimiento de una persona y adujo que el caso está bajo secreto de sumario. Sí que dejó claro que la inmersión en la que participó la víctima no estaba gestionada por el SES –cuyos submarinistas acceden al parque por tierra– sino que llegó a la zona en una lancha. El parque subacuático de Tarragona permanece cerrado desde el fallecimiento del joven submarinista.

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Instalaciones del SES en el Puerto de Tarragona.

El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) hizo la Inspección Ocular Técnica Policial (IOTP) y la investigación corre a cargo de la Policía Judicial.

La Guardia Civil, que se encarga de instruir el suceso, ha interrogado a los monitores que prepararon la inmersión para aclarar porqué el joven, con poca experiencia en submarinismo, buceaba en solitario y apartado del grupo. También se ha tomado declaración a otros buceadores que se hallaban en el puerto de Tarragona en el momento del trágico suceso.

La inmersión en solitario, conocida como “solo diving“, es una práctica que está prohibida ya que limita las posibilidades de rescate en caso que el buceador sufra cualquier incidencia debajo del agua. El veto es aun más radical para aquellos buceadores que no cuentan con una solvente veteranía bajo el agua. No obstante, fuentes cercanas a la víctima aseguran que conocía la zona y que había realizado otras inmersiones en el mismo lugar con anterioridad.

Esta era una oportunidad que no podíamos dejar escapar. Veréis en un instante el motivo. El ibón de Cap de Llauset se encuentra a una altitud de 2450 m y su cuenca cubre un área de 4.5 ha.  Se encuentra en el Vall de Barrabés, o Valle de Llauset del macizo del Pico de Llauset (2910 m) en la zona oriental del Parque Natural Posets-Maladeta.

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Ruta de acceso a Cap de Llauset desde el embalse de Llauset.

Una de las peculiaridades de este ibón es que en su orilla hay restos sumergidos hasta unos 3 m de profundidad, de una avioneta Cessna F182Q Skylane (Reims F182Q), fabricada en Reims (Francia) por Reims Aviation Industries y que volaba con matrícula francesa “F-GCY A” , que se accidentó en el circo que bordea el ibón, posiblemente por falta de sustentacion y no ser capaz de superar la altitud del circo rocoso.

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Cessna 182A con la mismo patrón de pintura y color que el aparato accidentado en Cap de Llauset

Se desconoce la fecha del accidente pero fue anterior a 1996, cuando hay pruebas de que el pecio ya se encontraba en el ibón. Parece ser que sus dos ocupantes fallecieron en el accidente. Los restos del aparato acabaron en la orilla del ibón.

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Ubicación de los restos de la avioneta en el ibón.

El motor y otras piezas de valor han sido recuperadas. Parece ser que el rescate y la recuperación de lo que fuera aprovechable se hizo directamente por parte de los franceses, sin intervención de las autoridades españolas. A lo largo de estos años, los restos de la avioneta han sido canibalizados y vandalizados, y en la actualidad son pocos los artefactos que todavía se encuentran en el lugar, sumergidos desde la orilla hasta profundidades no superiores a los 2 m.

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Parte del fuselaje que se encuentra a  1,8 m de profundidad.

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Los pedales del cockpit también se encontraban en el fondo del ibón.

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Mirando bajo el fango del fondo se encuentran diversos restos diseminados.

 

La inmersión no tiene especial dificultad y dada la profundidad a la que se encuentran los restos se puede realizar con tubo. El agua se encontraba en un gradiente entre 13º C y 8º C, lo que no hace necesario el traje seco. La inmersión la realizamos con un neopreno de 3 mm y un sobre traje con capucha de 5 mm. No pasamos frío en ningun momento y permanecimos en el agua, investigando los restos de la avioneta y el resto del ibón, por espacio de más de 50 minutos.

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La inmersión se realizó con traje humedo y sin botella.

Se desconocía cualquier dato batimétrico del ibón hasta nuestra inmersión: 7,1 m fue la máxima profundidad alcanzada en la zona más profunda de su cuenca. La profundidad media del ibón la podemos estimar en unos 3,5 m. El fondo del ibón presenta zonas de sedimento fino y otras con grandes cantos de roca granítica caidos de los canchales de circo.

Este ibón es el reservorio de agua que abastece el recientemente inaugurado Refugio de montaña de Cap de Llauset, construido por Prames para la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM).

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El nuevo refugio de montaña de Cap de Llauset.

Más información:

BricoSub nos ofrece este nuevo video tutorial de sustitución de la batería, en un ordenador de buceo modelo Aladin Pro de Uwatec:

 

Renuncia de responsabilidad: Siempre recomendamos que el mantenimiento y revisiones de los equipos de buceo se realicen en servicios técnicos y por profesionales debidamente autorizados y entrenados por las empresas fabricantes. Si decide realizar este tipo de reparación es bajo su total responsabilidad.

(No obstante, creemos que todo buceador ha de conocer en detalle su equipo de buceo y saber cómo mantenerlo o repararlo en caso mde necesidad)

Posteado por: zco1999 | 7 julio 2016

Los tiburones toro de Playa del Carmen

Os dejamos un episodio de Jonathan Bird’s Blue World dedicado a los tiburones toro de Palya del Carmen:

(Modificado de lavanguardia.com)

Los Mossos d’Esquadra confirmaron el 11/06/2016 la localización de una mujer de 52 años, de nacionalidad francesa, muerta mientras buceaba con un grupo de personas de un centro de inmersión de la localidad por la zona de las Islas Medes en L’Estartit, en el Baix Empordà. La policía y los servicios de emergencias recibieron el aviso de alerta alrededor de la seis de la tarde del día 11.

Según han informado fuentes municipales, el accidente tuvo lugar en torno a las 16.40 horas cuando la mujer ha empezado a encontrarse mal. Al percatarse de su estado, sus dos compañeros de inmersión decidieron subir a superficie, y la mujer conseguió llegar consciente a la embarcación de la empresa que habían contratado, aunque poco después ha perdido el conocimiento.

Al lugar acudieron agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil y sanitarios del Sistema de Emergencias Médicas (SEM), que no pudierono hacer nada por salvar la vida de la submarinista, que habría sufrido una parada cardiorespiratoria. La mujer estaba alojada en un hotel de l’Estartit, donde pasaba unos días de vacaciones.

Los servicios funerarios retiran el cadáver de la víctima francesa fallecida mientras practicaba submarinismo en l’Estartit (Guisasola N. / ACN)

Los servicios funerarios retiran el cadáver de la víctima francesa fallecida mientras practicaba submarinismo en l’Estartit (Guisasola N. / ACN)

Posteado por: zco1999 | 11 marzo 2016

Hallado un marino momificado en su velero a la deriva

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Instante del abordaje al Sayo. LMAX EXCHANGE

(modificado de ELMUNDO.es)

Las cosas más increíbles suceden cuando menos te lo esperas. La mañana del 26 de febrero tendría que haber sido una jornada normal de trabajo para Christopher Rivas y su compañero de tripulación. Un día como otro cualquiera para un par de jóvenes pescadores filipinos, en la primera ventana de mar tranquilo después de varios días de fuerte temporal. Ambos salieron en su pequeño barco de pesca del puerto de Barobo, en Surigao del Sur, cuando aparecían por el horizonte las primeras luces de la mañana y unas horas más tarde estaban faenando en su caladero habitual, a unas 40 millas de la costa. Una jornada rutinaria para dos pequeños pescadores artesanales de un puerto asiático, como tantos otros miles. Un día cualquiera. O no.

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El velero a la deriva interceptado en aguas filipinas. BOROBO PILICE STATION

En algún momento de la jornada de trabajo, cerca de las cuatro de la tarde, Christopher levantó la cabeza de lo que fuera que estuviese haciendo en aquel instante y dejó vagar la mirada sobre el mar, calmo y tranquilo como un espejo. Fue entonces cuando la jornada se transformó en algo difícil de olvidar.

Al principio no sabía muy bien qué era lo que estaba viendo. A cierta distancia, flotando inmóvil sobre las aguas, un bulto de formas inciertas iba a la deriva, llevado por las corrientes y el viento. Christopher y su primo terminaron de izar las redes -al fin y al cabo, para eso habían ido hasta allí- y solo entonces, con parsimonia, se acercaron a aquel extraño objeto a la deriva. Surigao del Sur está relativamente cerca de una arteria marítima principal, una zona que es ruta de paso habitual de los innumerables cargueros que unen China, Corea y Japón con Europa y Estados Unidos. Es una vía naval tan transitada que no es del todo infrecuente encontrarse basura de gran tamaño a la deriva. Muchas veces es solo eso, basura, pero en ocasiones son contenedores completos llenos de mercancía que caen por la borda de un carguero en medio de una tormenta y que quedan a merced de las olas. Es fácil imaginar la tensión que aumentaba a bordo del pequeño barco de pesca a medida que se acercaban al gran objeto flotante: de tratarse de un contenedor repleto de productos de alto valor como electrónica o componentes, y si el agua salada no había hecho demasiados estragos en ellos, a Christopher y su compañero de pesca les habría tocado la lotería.

A medida que se acercaban seguramente su expresión fue cambiando. Estaba claro que aquello no era un contenedor… pero tampoco era basura a la deriva. Puede que en ese momento Christopher se preguntase en qué clase de lío estaba a punto de meterse.

Un maltrecho velero Sun Magic de 40 pies flotaba semi sumergido a apenas unos metros de su barco. El mástil había desaparecido, la quilla estaba inclinada casi 30 grados y media cubierta, repleta de una maraña de cabos y restos destrozados de velas, parecía estar arrasada por las olas. De manera incongruente, los dos paneles solares situados sobre la toldilla de popa permanecían en perfecto estado, como si toda aquella devastación no fuese con ellos. Parte del casco estaba cubierta por algas y moluscos, y una gruesa raya oscura marcaba la línea de flotación, dejando bien claro que hacía mucho tiempo que estaba en el agua, pero aun así se distinguía perfectamente el nombre de la embarcación, Sayo, escrita en grandes letras negras sobre la resquebrajada pintura blanca.

Posiblemente en ese momento Christopher y su primo cruzasen una mirada nerviosa, pero eso no aparece en el informe que redactaron a posteriori las autoridades filipinas de Barobo. Lo que sí aparece es que, armándose de valor, decidieron abordar el velero para descubrir qué era lo que se ocultaba en su interior.

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 Sentado en la mesa de navegación, con la radio junto a sus dedos, parecía dormir. Manfred Fritz Bajorat, de 59 años estaba momificado en el interior de su ambarcaión. BAROBO POLICE STATION

Dólares, latas de comida y fotos

La luz del sol se colaba por los ventanucos abiertos de par en par y por las escotillas superiores, pero aun así, Christopher tardó un rato en habituar su mirada al interior sombrío de la cabina. Una pequeña vía en alguna parte había dejado entrar bastante agua y una charca indefinida repleta de restos de comida, aceite y objetos diversos le llegaba por los tobillos. Entonces vio que al fondo, en el lado de estribor de la nave, un hombre sentado en la mesa de navegación parecía dormitar sobre su brazo derecho, con la radio a pocos centímetros de sus dedos. Según se recoge en su testimonio, antes de que Christopher pudiese pronunciar ni una sola palabra, una ola movió el buque lo suficiente como para que un rayo de luz cayese sobre la cabeza del hombre y fue entonces cuando el pescador filipino comprendió que su día se acababa de complicar de verdad.

Al fin y al cabo, no todos los días te tropiezas con un barco fantasma tripulado por una momia.

Las horas posteriores fueron un caos, y el detallado informe de la Estación de Policía de Barobo nos permite reconstruir casi paso a paso lo que sucedió. Los dos pescadores dieron aviso por radio al tiempo que remolcaban el maltrecho yate hacia la costa. Por el camino, la vía de agua se fue ensanchando y cuando las autoridades se acercaron por primera vez al interior del Sayo el agua ya le llegaba al cadáver desecado casi por las rodillas.

Lo primero que observaron fue que todos los objetos de valor seguían a bordo, lo cual descartaba que aquello fuese obra de un asalto pirata, algo que no hubiese sido nada extraño en unas aguas infestadas de depredadores. Había una cartera llena de dólares y euros, grandes reservas de comida enlatada y un costoso equipo de telecomunicaciones, a pocos centímetros del cadáver. Flotando en el agua estancada de dentro de la cabina, docenas de fotos arrancadas de un álbum se desdibujaban lentamente a medida que los rostros sonrientes de las imágenes se transformaban en borrones de colores. En las fotos se veía a un hombre de mediana edad junto con una mujer guapa y sonriente y una niña que a medida que iban pasando los años se transformaba en una muchacha atractiva. Las fotos iniciales, tomadas en alguna ciudad centroeuropea, pronto daban paso a imágenes de la sonriente pareja a bordo de aquel barco en los puertos más insospechados del mundo. Una cartera plastificada con documentos permitió darle una identidad al tripulante misterioso cuyo cadáver momificado observaba aquel trajín: su nombre era Manfred Fritz Bajorat, un alemán de 59 años que no había sido visto por nadie desde que en el año 2009 recaló en el puerto de Mallorca. Un año después, el Sayo se cruzó con otro barco en alta mar, y desde aquel instante, excepto por algún mensaje en su página de Facebook, era como si se lo hubiesen tragado las olas… hasta que apareció momificado en las costas de Filipinas.

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Lugar donde fue encontrado a la deriva el velero de Fritz. DAILY MAIL

Las preguntas se empezaban a acumular sobre la mesa. ¿Qué le había pasado a aquel barco? ¿Cómo había muerto Manfred y cuándo? Y sobre todo, ¿cómo era posible que su cuerpo estuviese tan espantosamente bien conservado, en un último gesto de hacer una llamada de radio? ¿A quién quería llamar y para qué?

Pronto se empezaron a atar cabos. Mientras en el exterior del Sayo se amarraban docenas de boyas para impedir que el barco, exhausto después de haber cumplido su última singladura se fuese a pique, un forense examinaba el cuerpo del marinero. Su primera conclusión es que un infarto fulminante había acabado con él y que llevaba muerto más de un año, probablemente dos. Una extraña y curiosa combinación de altas temperaturas -el calor dentro de aquella pequeña cabina era sofocante- junto con un fuerte viento marino cargado de sal, había ido desecando el cadáver de Manfred Bajorat hasta dejar una momia en perfecto estado.

El contraste entre el cuerpo incorrupto de Bajorat y sus fotos familiares desdibujándose lentamente y vaciando su pasado resultaba profundamente perturbador. Sin embargo, algo mantenía alerta a la Policía filipina: apenas había objetos personales del único navegante del barco más allá del álbum de fotos. Y lo que es más inquietante, hace un mes, el 31 de enero, el LMAX Exchange, uno de los barcos participantes en la vuelta al mundo a vela Clipper Race, dio aviso de un yate a la deriva con el mástil perdido y de las mismas características que el Sayo, a la altura de Guam, a más de 1.000 millas náuticas del lugar donde Christopher Rivas hizo su macabro descubrimiento. Pese a que incluso llegaron a abordarlo, la organización de la carrera hizo caso omiso de esa advertencia por motivos desconocidos y el Sayo continuó su camino durante un mes más.

“Que tu alma encuentre paz. Tu Manfred”

Resulta difícil comprender cómo un velero de 12 metros puede navegar a la deriva durante varios años sin que nadie se dé cuenta de ello. Quizás la enormidad del Pacífico y el propio carácter solitario de Bajorat ayuden a comprenderlo. Fue a finales de los 90 cuando este antiguo vendedor de seguros en una ciudad del bajo Ruhr alemán, después de toda una vida ordenada y tranquila, decidió huir del frío, vender todo lo que tenía y lanzarse a recorrer los mares del mundo con su mujer, Claudia.

El sueño se rompió bruscamente en el año 2010 cuando Claudia murió de cáncer y Bajorat la enterró en la isla caribeña de Martinica. A partir de ahí se le pierde el rastro, excepto por breves actualizaciones de sus cuentas en redes sociales, hasta que de repente, hace casi dos años, desapareció por completo. Uno de los documentos recuperados en la cabina del Sayo era un texto de unas 20.000 palabras que Manfred Bajorat le dedicaba a su mujer y en el que estaba trabajando cuando la muerte le sorprendió en alta mar. “Treinta años estuvimos en el mismo camino. Luego el poder de los demonios fue más fuerte que el deseo de vivir. Te fuiste. Que tu alma encuentre paz. Tu Manfred”.

Es fácil imaginarse el sentimiento de pérdida de aquel hombre en alta mar, navegando sin rumbo en busca de un consuelo que la enormidad del océano no le podía dar de ninguna forma. También resulta fácil imaginarse el momento de pánico en el que Manfred Bajorat sintió el pinchazo delator en el pecho que le anunciaba que estaba sufriendo un infarto de miocardio, totalmente solo y a cientos de kilómetros del lugar habitado más cercano. Es imposible no estremecerse al recorrer con él los pocos metros que le separaban de la mesa de navegación donde estaba la radio y tratar de mandar un mensaje de socorro con dedos cada vez más torpes y la mirada cada vez más perdida. Lo que no hace falta imaginarse es la postura plácida y relajada en la que quedó su cuerpo, con la mano muy cerca del transmisor, sumergido en un profundo y eterno sueño del que ya nadie le podría despertar.

Durante casi dos años, como una moderna versión del El holandés errante, el Sayo y su capitán fantasma recorrieron juntos el Pacífico, atravesando tormentas, zonas de calma y largas noches de verano y de crudo invierno. Durante todo ese tiempo, tan solo las estrellas y alguna ballena solitaria fueron testigos de cómo el velero iba, poco a poco, cayendo víctima de los elementos, mientras su capitán permanecía incorrupto haciendo una llamada eterna de auxilio. Seguramente, antes de perder su mástil en una tormenta, el Sayo se cruzó con muchos pesqueros y mercantes que lo vieron pasar ajenos a que ninguna mano humana manejaba ya su timón.

Quedan todavía muchas preguntas por responder sobre el extraño viaje de años del Sayo, pero quizás las más acuciantes sean estas dos: ¿estaba realmente solo Manfred Bajorat en el momento de su muerte? Y si es así, ¿dónde está su ordenador portátil, el único objeto que la Policía de Barobo no ha podido encontrar? El único que puede tener las respuestas a todas esas dudas ha estado sentado en la misma silla, durante dos años, esperando a que alguien hiciese las preguntas. Durante todo este tiempo, una placa atornillada en uno de los mamparos del velero ha estado siendo testigo del lento discurrir de la travesía. En esa placa de bronce hay grabado un mensaje que, visto ahora en perspectiva, resulta estremecedor: “Este barco es una delicia para el capitán, pero un infierno para sus marineros“. No cabe la menor duda de que Manfred Bajorat, como capitán y único tripulante del Sayo, conoció profundamente los dos extremos de esa sentencia… Y solo él tiene las respuestas a todas las preguntas que aún están pendientes de contestar.

Más información:

Bonito video con unos efectos subacuáticos que ya hemos visto pero que gusta volver a ver con esta música. Enjoy!

(modificado de elmundo.es)

Un hombre sacó a una cría de delfín del agua, en la playa de Santa Teresita -un balneario muy popular que está ubicado unos 300 kilómetros al sur de Buenos Aires, la capital argentina y comenzó a pasar al pequeño cetáceo entre los turistas que se agruparon en torno a él con el objetivo de sacarse una ‘selfie’ con el animal.

El trágico destino de la cría no se hizo esperar pues pocos minutos acabó tirada en la orilla, sin vida, a causa de una deshidratación. La fundación Vida Silvestre ya ha denunciado el suceso e instado a los bañistas a que se devuelvan los delfines varados en la orilla tan pronto sea posible.

La franciscana, como otros delfines, no puede permanecer mucho tiempo fuera del agua. Tiene una piel muy gruesa, con grasa que le proporciona calor, por lo que la intemperie rápidamente le provoca deshidratación y la muerte“, asegura la fundación. “Esperamos que esta ocasión sirva para informar al público acerca de la necesidad urgente de devolver a estos delfines al mar tan pronto como sea posible si los encuentran en la orilla. Es fundamental que las personas ayuden a rescatar a estos animales, ya que cada ejemplar cuenta“.

Las fotografías del suceso han incendiado las redes sociales. En ellas puede verse a un hombre sosteniendo un delfín franciscano, en peligro de extinción en la playa de Santa Teresita, rodeado de un gran número de turistas impacientes por hacerse ‘selfies’ con la criatura, aparentemente inconscientes de su difícil situación. En la segunda, se muestra al mismo delfín muerto en la orilla del mar.

Con un hombre intentamos reanimarlo pero sus heridas eran graves, no pudo soportarlo. Era tan solo bebe. Un animal increíble, que tuvo la mala suerte de toparse con la peor especie de mamíferos que son los humanos“, escribió una testigo, Ayelén Rodríguez, en el perfil de Facebook del portal de noticias Infozona.

El delfín franciscana o del Plata es una especie que habita en ríos y se puede encontrar en el estuario del Plata y las costas del Océano Atlántico, principalmente en Argentina, Uruguay y Brasil. Tiene una longitud de entre 1,30 y 1,70 metros y su piel Según Vida Silvestre, quedan menos de 30.000 ejemplares en la naturaleza y están categorizados como “especie vulnerable” en la lista de especies amenazadas de la International Union for Conservation of Nature.

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Las principales amenazas de los delfines franciscana, según esta organización, son las redes de los pescadores , donde se quedan enredados y terminan muriendo por fatiga. Pero, como en esta ocasión, también lo son los bañistas curiosos.

Más información:

Posteado por: zco1999 | 19 febrero 2016

Las orcas del Estrecho de Gibraltar son una población aislada

(modificado de ELMUNDO.es)

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Las orcas viven en familias bien avenidas. Lo habitual es que nazcan en un grupo y permanezcan toda su vida en él, conformando un grupo estable. Probablemente sea esta la razón por la que las orcas que habitan en el Estrecho de Gibraltar y el Golfo de Cádiz están aisladas y son una población única que cuenta con características que no comparten con el resto de las orcas de España y del continente europeo.

Un estudio llevado a cabo por CIRCE (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos) en colaboración con la Fundación Loro Parque, la Fundación Biodiversidad y la Sociedad para el Estudio de los cetáceos en el Archipiélago Canario (SECAC) ha determinado que las orcas del Estrecho son social, genética y ecológicamente distintas a otros grupos del Atlántico Norte y Canarias.

Durante la investigación, publicada en la revista Ecological Indicators, se han identificado 47 individuos de cinco familias distintas en el Estrecho y 16 individuos en las Islas Canarias. Para diferenciar cada individuo, Ruth Esteban, investigadora de CIRCE y principal autora del estudio, explica que desde 1999 este organismo lleva a cabo campañas en el Estrecho donde se fotografía a cada individuo avistado. “Gracias a la aleta dorsal, que tiene marcas distintivas, se puede reconocer a cada ejemplar“. En las Islas Canarias se utiliza el mismo procedimiento, pero en este caso lo realiza el SECAC.

Previamente las orcas del Estrecho de Gibraltar fueron asignadas como una misma población junto con las orcas de las Islas Canarias. Pero dado que ninguno de los individuos vistos en el Estrecho ha sido observado en Canarias y viceversa, con este estudio se ha podido confirmar que ambos grupos no están socialmente relacionados .

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Sin parentesco

Para determinar que no hay ningún parentesco entre estos grupos de orcas se han tomado muestras de ADN. Esteban indica que se obtienen a partir biopsias en las que se recogen “unos pocos centímetros de piel y grasa que no llegan a afectar al animal”. Con eso analizan la genética y los isótopos estables.

No se detectó ninguna migración de genes entre las distintas zonas del estudio, o ésta era ínfima. Además tienen una alimentación distinta. “Esto se determina por los isótopos estables, que también se obtienen a partir de las biopsias. Las orcas del Estrecho se alimentan fundamentalmente de atún rojo y hemos comparado estos datos que ya conocíamos con los de las orcas de Canarias y no eran similares“, indica Esteban.

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Además, también tienen una carga de contaminantes totalmente distinta, algo que también viene marcado por la alimentación. Estos factores indican que las orcas de ambas zonas estudiadas se mueven en ambientes ecológicos diferentes y, por lo tanto, se trata de dos subpoblaciones diferenciadas.

Recientemente, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha finalizado el “Plan de Conservación de la orca del Estrecho y Golfo de Cádiz”, donde se ya se les ha dado el estatus de subpoblación de orcas aisladas de otros grupos del Atlántico. Uno de los puntos clave de este plan es esta diferenciación en los grupos ya que es un dato fundamental para la elaboración de las medidas de conservación, puesto que son distintas para cada subpoblación.

Llevamos estudiando estas orcas desde hace muchos años y si estas orcas fueran parecidas a las de Canarias, tendríamos que cambiar todas las medidas de conservación que hemos llevado a cabo“, sostiene Esteban. Los objetivos fundamentales del Plan son la conservación de la población y su hábitat, y la del atún rojo, que es su presa principal.

Más información:

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