Posteado por: zco1999 | 15 diciembre 2009

Salem Express: el pecio de las mil voces (1)

(Artículo publicado originalmente en: PARDO, A. y CRUZ, J. M. (2006): Salem Express, el pecio de las mil voces. Inmersión, nº 73, pp. 54-60.)

Explorar el interior del Salem Express supone adentrarse en un territorio claustrofóbico y oscuro donde los espejismos pueden tornarse en angustia. Recorrer los pasillos interiores de este pecio resulta, finalmente, un viaje interior al centro de nuestros propios miedos y emociones.

La inmersión en el Salem Express es, sin duda, una de esas experiencias iniciáticas, o tal vez uno de esos puntos de inflexión, que todo buceador ha de afrontar alguna vez a lo largo de su trayectoria deportiva.

Un poco de historia

El quince de diciembre de 1991 el Salem Express inició en el puerto saudí de Jeddah su última singladura. Este ferry fue construido y botado en 1964 en los astilleros de La Seyne sur Mer, en Francia, con el nombre de Fred Scamaroni para la Compagnie Générale Transatlantique. Cuando en 1988 es adquirido por la naviera Samatour Shipping Co. para cubrir el trayecto entre los puertos de Jeddah en Arabia Saudí con el de Safaga en Egipto, es rebautizado como Salem Express, nombre con el que ha pasado definitivamente a la historia de las tragedias marítimas.

Aquel día, las bodegas del Salem Express estaban sobrecargadas de vehículos y de mercancías mal estibadas. Mientras, los cientos de pasajeros, en su mayor parte peregrinos que regresaban de su visita a la ciudad santa de La Meca, se hacinaban por todos sus camarotes, cubiertas y pasillos. Nada podía hacer presagiar que la tragedia atraparía a toda aquella gente, antes de concluir las aproximadamente 450 millas que suponía aquella singladura repetida cientos de veces por el capitán Hassan Moro, un marino experimentado y con una merecida buena reputación.

La tragedia

Nadie parecía conocer mejor aquellas aguas que el capitán Moro, y tal vez la confianza que ello le suponía, fuese el desencadenante del accidente. Pues, en lugar de seguir la ruta convencional por el norte, Moro tenía la costumbre de navegar entre la costa egipcia y los arrecifes Hyndman, al sur de Safaga. Esta maniobra poco convencional, y fuera de la ruta establecida, ahorraba prácticamente dos horas de singladura y una buena cantidad de combustible.

Al atardecer, el tiempo había empeorado bastante, con vientos de fuerza 8 a 9. Moro sabía que muchos de los pasajeros eran peregrinos pobres que a duras penas habían podido reunir el dinero para pagar un pasaje de cubierta, y no era ajeno a lo ingrata que podía resultar la travesía para ellos en semejantes circunstancias climatológicas. Así pues, Moro decidió como de costumbre poner rumbo hacia el sur, para tratar de alcanzar el resguardo de la costa en su aproximación hacia el puerto.

Cuando se aproximó a los arrecifes Hyndman era cerca de media noche. El estado del mar hacía imposible distinguir los canales aptos para la navegación entre las masas de coral que se alzaban desde las profundidades hasta casi rozar la superficie. Además, el temporal había desviado al Salem Express al este de la derrota marcada en la carta. El resultado fue que el navío tocó con la proa uno de los arrecifes.

La violenta embestida dobló la quilla, rajando el casco a estribor y abriendo el portón de proa de la rampa de embarque de vehículos. Con la tormenta azotando sin tregua, el ferry comenzó a embarcar agua tanto por el boquete del casco como por el portón. La tripulación, dada la creciente y peligrosa escora a estribor, ni siquiera tuvo el tiempo o la pericia para botar las lanchas salvavidas, incapaces en cualquier caso de albergar a los cientos de peregrinos que no sabían nadar. En apenas veinte minutos el Salem Express abandonó para siempre la superficie, posándose en el fondo del mar a poco más de 30 metros de profundidad sobre su banda de estribor.

Las víctimas

En el agua quedaron a la deriva aquellos pasajeros que habían logrado escapar del interior oscuro del navío, y que no habían sido engullidos por el vórtice de succión del naufragio. Sin ayuda de ningún tipo, los supervivientes tuvieron que bastarse a sí mismos para subsistir durante la noche hasta la llegada de ayuda. En total, unas 180 personas lograron sobrevivir .

Según cifras oficiales, el Salem Express transportaba un total de 650 personas a bordo, de ellos 578 pasajeros con billete. Sin embargo, la cifra de pasajeros embarcados sin billete podría igualar prácticamente a la de pasajeros oficialmente registrados. Por ello, la cifra oficial de 470 muertos, entre ellos el propio capitán Moro, se antoja a todas luces inferior a la real. Por otra parte, las autoridades egipcias difícilmente admitirían un número de víctimas cercano al millar, de acuerdo a las estimaciones extraoficiales. Así, el número real de víctimas en el naufragio del Salem Express la madrugada del 16 de diciembre de 1991 nunca será conocida, como no suele serlo en ninguna catástrofe de estas proporciones.

El rescate

A lo largo de las siguientes jornadas fueron muchos los cadáveres recuperados del interior del pecio por los buceadores de la Marina Egipcia. Sin embargo, conforme los buceadores iban penetrando más y más en el interior del navío, lo peligroso del lugar tanto por el desplazamiento del cargamento durante el naufragio, como por la posición del buque en el fondo, y las dificultades técnicas para el avance seguro en el interior del pecio hicieron que, se decidiese dar por terminada dicha operación sin haber llegado a recuperar todas las víctimas atrapadas en el interior del navío naufragado.

Las autoridades egipcias, finalmente, declararon el pecio del Salem Express oficialmente cementerio. Esto, no impidió que el gobierno egipcio pusiese impedimentos para que, pasado un tiempo, los centros de buceo de la zona comenzaran a llevar a los buceadores al Salem Express de forma similar a otros muchos pecios que se encuentran a lo largo de la costa egipcia.

(continúa en: Salem Express: el pecio de las mil voces (2))

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Responses

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