Posteado por: zco1999 | 23 mayo 2010

Fotografía subacuática: el ojo de las profundidades

(Publicado en: CRUZ, J. M. y PARDO, A. (2004): El ojo de las profundidades. Heraldo de Aragón (23/08/2004), Planeta 21 nº 21, pp.4-5)

Si es cierto que “una imagen vale más que mil palabras”, en el mundo subacuático, donde los sonidos se reducen a los ruidos que produce nuestra propia respiración y pocos más, esta afirmación  adquiere categoría de dogma. Además, pocas imágenes son capaces de hipnotizarnos de la forma en que lo hacen las imágenes subacuáticas, que nos transportan a un mundo desconocido para la gran mayoría de los seres humanos y nos sugieren innumerables fantasías de aventuras y descubrimientos.

La fotografía subacuática es más allá de su valor estético la mejor, o incluso la única opción que tienen los científicos de documentar algunos de sus descubrimientos en ese medio comprometido y muchas veces hostil, que nos viene revelando sus secretos y misterios en pequeñas dosis.

Así, para la obtención de esas imágenes se precisan unas cámaras fotográficas que deberán tener unas características especiales, o bien, a las cámaras fotográficas convencionales, tendremos que protegerlas en unas “cajas” especiales que nos permitan manejarlas sin que se mojen.

Al igual que está ocurriendo actualmente en el mundo de la fotografía “terrestre”, en la fotografía submarina hay dos tendencias claramente definidas entre la fotografía digital y la fotografía analógica o “con película”, que se está resolviendo rápidamente a favor de la primera.

Siguiendo un orden cronológico, las primeras cámaras fotográficas para uso subacuático, y comercializadas para la venta, aparecieron hacia el año 1960. Se trataba de una pequeña cámara, que tenía como nombre “Calypsophot” y en cuyo desarrollo y comercialización tuvo una participación imprescindible un hombre cuya vida ha estado siempre relacionada con el mundo submarino, Jacques Yves Cousteau. Era una cámara anfibia, lo que significa que era resistente a la inmersión en agua, de visor no réflex (no se ve exactamente lo que se fotografía) y de construcción muy resistente. Esto se conseguía gracias a unas juntas tóricas de estanqueidad, que impedían la penetración del agua por las zonas móviles y articuladas del cuerpo de la cámara y de los objetivos. Estas cámaras se mantuvieron a la venta, con distintas versiones modernizadas y bajo el nombre de “Nikonos” hasta el año 2002, en que dejó de fabricarse el último modelo de la saga, la Nikonos V. Aún actualmente se pueden encontrar estas cámaras en el mercado de segunda mano. Aunque la Nikonos ha sido el emblema de las cámaras anfibias, no ha sido la única, y otras empresas también han fabricado cámaras de este tipo, como la Motormarine de SEA & SEA, Canon, Minolta,…

Con la aparición de las cámaras réflex, se optó por una nueva solución. Construir cajas estancas (mediante juntas tóricas de estanqueidad) para introducir en ellas algunos modelos de cámaras réflex y poner en la superficie de la caja unos mandos que la atravesasen y nos permitiesen accionar los de la propia cámara fotográfica. Con esto se conseguían importantes avances en la realización de las fotografías, ya que además de la visión réflex (a través del propio objetivo de la cámara), se podían usar todos los automatismos que poseen estas cámaras y de los que carecían las cámaras anfibias. Esta es la forma en que se han venido realizando la mayoría de las fotografías subacuáticas, y aún se siguen haciendo actualmente, que se pueden ver publicadas en las revistas especializadas en temas submarinos.

Sin embargo, en los últimos años, la popularización de la fotografía digital y el submarinismo ha propiciado la aparición de una enorme cantidad de cámaras fotográficas digitales de formato compacto, para muchas de las cuales se vende como accesorio una pequeña caja estanca que permite su uso bajo el agua hasta las profundidades en que se suele practicar el buceo deportivo. La popularización de este sistema fotográfico nadie la pone en duda, debido en gran parte a las ventajas que presenta sobre la fotografía analógica.

En primer lugar, es mucho más barata que ésta, ya que no hay que comprar carretes de película y pagar después por su revelado. Una tarjeta de memoria, almacena las imágenes que después son “volcadas” a un ordenador personal, con el que podremos imprimirlas si es nuestro deseo. Por otro lado, la inmediatez en poder visualizar el resultado de nuestra fotografía en la pantalla TFT que poseen estas cámaras, que nos permite borrar las imágenes que no nos satisfacen y volver a hacerlas en el mismo instante. Además estas cámaras poseen una luminosidad muy alta, por lo que podemos realizar fotografías sin flash en situaciones de escasez de luz, algo que es muy habitual bajo el agua, donde la excesiva luz no suele ser el problema.

Otro punto importante a su favor es el bajo precio que tienen estas cámaras (cada vez más baratas), debido probablemente a su popularización, al igual que ocurre con las cajas estancas fabricadas para ellas. Pero no todo son ventajas. También presentan algunos inconvenientes. Un punto desfavorable de las cámaras digitales compactas es ese pequeño retraso que existe entre el momento de disparar la fotografía y el momento en que fija la imagen el sensor de la cámara. Esto cuando se realiza fotografía de estudio no supone más que un pequeño inconveniente, pero en la fotografía subacuática, en que una gran parte de las imágenes que captamos son de animales en movimiento, tiene una importancia capital.

Después de todo lo expuesto hasta aquí, ya nos podemos hacer una idea de que un punto importante a tener en cuenta, si deseamos hacer fotografía subacuática, es tener una idea previa de qué es lo que queremos hacer con nuestras fotografías. Si queremos hacer unas fotografías de recuerdo de nuestras incursiones por debajo del agua, para nosotros solos o para enseñárselas a nuestros amigos, en estos momentos, la mejor opción es comprar una cámara compacta digital, con su caja estanca. Pero si nuestras ideas apuntan a la posibilidad de publicar algún artículo en los medios especializados o a participar en campeonatos de fotografía subacuática (todas las federaciones autonómicas de actividades subacuáticas organizan campeonatos de esta especialidad), deberíamos optar por una caja estanca para nuestra cámara réflex de película fotográfica, suponiendo que ya poseamos una (si no, nuestro deseo nos costará una pequeña fortuna).

Y ya una vez que disponemos de nuestro material fotográfico preparado para poder ser introducido en las misteriosas profundidades marinas, se nos plantea la siguiente duda: ¿Qué es lo que voy a poder fotografiar bajo el agua? Porque de ello dependerá tanto los objetivos como la película a usar. En este caso, también las cámaras digitales compactas presentan una gran ventaja sobre las analógicas, ya que las ópticas que suelen llevar equivalen a objetivos zoom de muy amplia variación de longitud focal, lo que permite hacer casi cualquier tipo de fotografía, mientras que con las cámaras réflex, el resultado final de nuestras fotografías va a depender en gran medida de nuestra acertada elección del objetivo que vamos a usar durante esa inmersión.

En general, bajo el agua vamos a hacer tres tipos principales de fotografías. La llamada fotografía de ambiente, en la que se intenta reflejar el aspecto general que ofrecen los distintos tipos de fondos marinos (arrecifes coralinos, barcos hundidos, restos de construcciones humanas, praderas de algas, fondos arenosos,…). En este tipo de fotografía, se suele colocar una figura humana, para que ofrezca una idea de las proporciones de los distintos elementos que se pueden ver en la fotografía.

Otro tipo de fotografía habitual es la de fauna, principalmente peces, aunque no exclusivamente, ya que en este tipo se pueden incluir desde multitud de especies de invertebrados hasta los grandes mamíferos marinos, reptiles como las tortugas y serpientes de mar o aves como los pingüinos, gaviotas, cormoranes,…

Finalmente, la fotografía de los pequeños animales que viven en el agua, o detalles de estos o de la vegetación marina es lo que se denomina fotografía de aproximación o “macrofotografía”. Este es uno de los tipos más agradecidos de fotografía subacuática, ya que aún en malas condiciones fotográficas, con agua turbia, suele ser posible hacer estas fotografías, debido a que la distancia existente entre el objetivo de nuestra cámara y el objeto fotografiado es mínima, con lo que la turbidez del agua, si no es extrema, no es un impedimento insalvable.

Como decíamos al principio, una imagen vale más que mil palabras. Y por ello, probablemente la función más importante que puede realizar la fotografía submarina es la de mostrar a los seres vivos que pueblan las aguas de nuestro planeta, y la belleza que se esconde bajo la fina lámina de agua que es la superficie de nuestros mares, ríos y lagos.

Sólo cuando se nos enseña lo que existe en ese otro mundo tan distinto al nuestro aéreo, podemos plantearnos dudas acerca de las consecuencias que nuestras acciones sobre la tierra pueden ocasionar en los seres que viven bajo el agua. A fin de cuentas, “No se puede defender lo que no se ama y no se puede amar lo que no se conoce“.

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  1. […] https://zco1999.wordpress.com/2010/05/23/fotografia-subacuatica-el-ojo-de-las-profundidades/ […]


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