Posteado por: zco1999 | 28 mayo 2010

Trajes secos: características y mantenimiento

(Publicado en: PARDO, A. (2008). Trajes secos, ¡por fin para todos! Inmersión, nº 97, pp.44-51.)

Hace cinco años escribíamos en las páginas de INMERSIÓN que el uso de trajes secos todavía era la excepción a la norma en buceo deportivo. En este tiempo el panorama ha cambiado sustancialmente. Esto se debe, en buena medida, a que casi todas las firmas de buceo han realizado ajustes de sus precios para favorecer la penetración en el mercado y –por supuesto- al incremento de buceadores en general, así como de aquellos que realizan inmersiones en aguas frías, profundas o en cavernas y pecios. Aunque no se puede hablar de una paridad respecto a los trajes húmedos, lo cierto es que cada vez un mayor número de buceadores han hecho del traje seco su principal prenda de inmersión.

Pero todavía hay quienes dudan de la utilidad o conveniencia de hacerse con un traje seco. Para ellos es este artículo. A lo largo de estas páginas vamos a ver cuáles son sus características técnicas y constructivas, los diferentes modelos, y las peculiaridades de uso de estas prendas de buceo.

¿Cuáles son las peculiaridades de un traje seco?

A diferencia de los trajes húmedos, los trajes secos aseguran la perfecta estanqueidad del buceador frente al ambiente externo. En otras palabras, el cuerpo del buceador no entra en contacto directo con el agua. Para ello, las características constructivas y los materiales han de propiciar esta impermeabilidad. Comencemos pues echando un vistazo a los materiales.

Los primeros trajes de buzo estaban confeccionados con piezas de cuero y lona que eran impermeabilizadas inicialmente con sebo, y posteriormente con caucho. La introducción de la goma fue decisiva, debido a sus características termoaislantes y su impermeabilidad. A lo largo del tiempo, se han probando diferentes compuestos y en la actualidad se utilizan fundamentalmente tres tejidos que aportan diferentes características al traje y al buceo.

Neopreno, se trata del mismo material con el que se confeccionan los trajes húmedos. Este material proporciona un buen aislamiento térmico, por lo que no será necesario llevar demasiada ropa en el interior del traje. Por ello, el corte del traje puede ser mucho más ajustado, disminuyendo el efecto del placaje en las arrugas, y propiciando un mayor hidrodinamismo que se traduce en un menor esfuerzo al avanzar en el agua. En el caso de inundación accidental, la perdida de flotabilidad será menor que con los trajes confeccionados con otros materiales. En la parte negativa destacaremos que al aumentar la profundidad, la compresión del neopreno hace que se produzcan mayores variaciones en la flotabilidad y en la capacidad de aislamiento térmico que en trajes secos confeccionados con otros materiales. Pero sin duda lo que más nota el buceador es que, debido a su gran flotabilidad, se requiere añadir una gran cantidad de lastre para el correcto equilibrado bajo el agua. Es importante señalar que en los últimos años los fabricantes han lanzado al mercado neoprenos mucho más elásticos y confortables, y cuyas propiedades aislantes se han visto notablemente mejoradas. Todo ello ha redundado obviamente en la calidad de la factura y de las propiedades de los trajes secos actuales.

Trilaminado, realizado mediante un sándwich de dos capas exteriores de nylon entre las que se encuentra una película intermedia de butyl, el conjunto resultante es completamente impermeable, de gran resistencia al desgarro por tracción y a la abrasión, y de poco grosor, lo que facilita extraordinariamente los movimientos de los miembros durante la realización del trabajo subacuático. En el traje trilaminado prima la movilidad y adaptabilidad a muy diferentes condiciones ambientales de buceo, a costa de sus características hidrodinámicas. Otro de sus puntos débiles es que no está concebido para proteger térmicamente al buceador. El aislamiento térmico es proporcionado por la propia ropa del buceador – denominada rata-, o en algunos casos de buceo profesional profundo por monos con sistemas de calefacción eléctrica o por medio de un circuito, ya sea abierto o cerrado, de agua caliente. Por ello, en caso de inundación accidental, el traje trilaminado pierde prácticamente toda su flotabilidad y capacidad de aislamiento térmico, con las consecuencias que ello puede acarrear para la seguridad del buceador. Desde el lado positivo, es muy destacable su resistencia a la abrasión, y que la flotabilidad del traje trilaminado no va a variar con la profundidad –como ocurre con el de neopreno- pues sus materiales constructivos son incompresibles a efectos prácticos, lo cual simplifica mucho la flotabilidad del buceador al cambiar de cota.

Neopreno comprimido, este tipo de material quiere ser un compromiso entre las mejores características de los dos anteriores. Realizado con un neopreno denso y de menor grosor que el tradicional, y por tanto muy resistente a la abrasión, proporciona a la vez una mayor elasticidad y confort de uso, a la par que un cierto aislamiento térmico y unas buenas características hidrodinámicas. En contra de todas estas ventajas está, como no podía ser de otra forma, su elevado coste, un mantenimiento más delicado, y la necesidad, al igual que ocurre con los trilaminados de tener que usar una rata durante la inmersión.

Hasta hace relativamente poco tiempo, y debido en buena medida a las características de los diferentes tejidos, parecía haber un acuerdo tácito entre los propios fabricantes de trajes secos de buceo de modo que los modelos de estructura trilaminada eran ofrecidos invariablemente como material de tipo profesional mientras que los de neopreno eran concebidos de forma más específica para el buceador deportivo. Hoy día, el panorama parece haber iniciado un paulatino pero drástico cambio, y los trajes trilaminados están comenzando a hacerse un hueco en el mercado del buceo deportivo, y por otra parte, grupos de buceadores profesionales como los GEAS o equipos de bomberos emplean de forma habitual trajes secos de neopreno o neopreno comprimido.

Las costuras en el traje seco

Tal y como avanzábamos, si el tejido es importante, los puntos que realmente resultan críticos en el diseño de un traje seco para que éste proporcione una adecuada estanqueidad son aquellos donde el tejido pierde su continuidad, en otras palabras, las costuras y aberturas.

En los últimos tiempos, se han mejorado mucho los patrones de los trajes secos, y de hecho ya hay disponibles en el mercado algunos modelos con diseños específicamente femeninos, lo que ha abierto aún más el mercado y está facilitando a las mujeres su incorporación al buceo técnico o simplemente de invierno.

Sin embargo, una de las limitaciones principales a la hora de experimentar nuevos patrones son las costuras, uno de los puntos críticos a la hora de asegurar la estanqueidad de la prenda. Todas las costuras han de estar vulcanizadas en frío y reforzadas con cosido doble; además deben haber sido selladas tanto interior como exteriormente mediante tiras de refuerzo vulcanizadas a lo largo de toda la costura. Todo ello asegura que lo que en origen son puntos de debilidad estructural alcancen una resistencia adecuada a la tracción, junto a una estanqueidad que debería ser perfecta a lo largo de toda la vida del traje. Sin embargo, eso no quiere decir que las costuras no deban ser revisadas periódicamente, o que el tejido sea invulnerable a cualquier tipo de abrasiones. De hecho la mayor parte de los fabricantes proporcionan kits de reparación y parcheado para sus trajes que podemos encontrar en las tiendas del ramo.

Las aberturas del traje

Pero, sin duda, los puntos por los que es más factible la entrada de agua al interior de un traje seco son las aberturas naturales del traje seco de volumen variable. Existen cuatro aberturas principales y dos secundarias. Las principales son aquella por la que se introduce el buceador en el interior del traje, y aquellas por las que el buceador saca la cabeza y las manos al exterior. Las secundarias son los puntos donde se insertan las válvulas de admisión y de purga de aire. La fiabilidad de un traje seco dependerá del diseño y materiales con los que estén confeccionados estos elementos y del mantenimiento que el buceador realice al traje después de cada inmersión.

Cremalleras: tipos y mantenimiento

Habrá quien se sorprenda al saber que la cremallera estanca es un invento más reciente que el regulador de buceo. De hecho su diseño original de 1952 se debe al alemán Friedrich Mulka –con la patente 2791017 del 7 de mayo 1957-, y posteriormente fue desarrollada por la firma BDM (acrónimo de Bercovitz, el industrial que contrató al Dr. Doelter para que liderase la producción en masa de la cremallera de Mulka).

Fue la cremallera la que permitió que los trajes de buceo estancos propios los buzos de yelmo, se liberasen de su pesada carga de juntas tóricas, tuercas y palometas, iniciándose una auténtica revolución en su diseño, aligerándolos y dotándolos de una mayor movilidad hasta conseguir los diseños actuales aptos para buceo autónomo. La cremallera BDM heavy duty es la empleada en los trajes espaciales de la NASA. Esto nos puede dar una idea de su estanqueidad y resistencia.

Las cremalleras metálicas son caras –desproporcionadamente caras-, por lo que en los últimos años han aparecido en el mercado cremalleras de plástico y nylon que han logrado abaratar mucho el precio final de los trajes secos. Sin embargo, las cremalleras metálicas soportan mucho mejor el uso rudo y continuado. Pero eso no significa que no requieran mantenimiento. Muy al contrario, las cremalleras estancas son, a pesar de la fiabilidad de su diseño, una de las partes más sensibles de los trajes secos. No en vano, son las encargadas de cerrar herméticamente la mayor abertura del traje, por lo que su lubricación, flexibilidad, limpieza y estanqueidad de cierre han de ser óptimas en todo momento. Por este motivo, siempre que se haya buceado en aguas contaminadas, sucias o agua de mar, hay que limpiar concienzudamente la cremallera del traje seco antes de abrirla, idealmente con abundante agua y un cepillo de dientes que destinaremos a la limpieza de todas las cremalleras de nuestros equipos de buceo. De este modo se evitará que partículas de polvo, arena o sal dañen los dientes y se pierda la estanqueidad de la prenda.

Para el lubricado de la cremallera de un traje seco nunca se debe emplear aceite de silicona, grasa mineral o grasa de grafito. Todos estos productos atacan los materiales textiles con los que están fabricados los trajes secos y perforan el sellado de las diferentes piezas o capas. Por ello se debe emplear la cera de cremalleras o parafina que suministra el fabricante, y sólo en caso de necesidad extrema se recurrirá a la cera de vela que, por otra parte, está prohibida específicamente para este uso por el Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos de América.

Tras la inmersión, y una vez que esté completamente seco y limpio, tanto por dentro como por fuera, el traje debe guardarse con la cremallera abierta y sin realizar pliegues sobre la misma. De esta forma se evitará que se deforme y que pierda su estanqueidad.

Manguitos: materiales y mantenimiento

Otro punto crítico en los trajes secos son los manguitos de estanqueidad de cuello y puños. Estas piezas se realizan en caucho o en silicona, materiales de una gran elasticidad pero de menor resistencia a la tracción que el resto de los materiales que componen el traje. La correcta colocación de los manguitos es fundamental, y requiere la realización de un pliegue hacia el interior de forma que el la propia presión del aire del traje se encargue de sellar el conjunto e impedir la entrada de agua. Es importante manipular los manguitos con las uñas cortas y sin picos ni aristas que puedan pinchar o rajar el material, y siempre hacer las manipulaciones con delicadeza.

Tras la inmersión, y tanto para el almacenamiento del traje durante un periodo largo, como para prepararlo para la siguiente inmersión, los manguitos necesitan ser secados a conciencia y lubricados con un lubricante seco adecuado, para que se preserven sus cualidades y se facilite su manipulación posterior. Con este fin se emplea talco en polvo. Pero es importante remarcar que ha de ser talco puro, y no el talco perfumado que se emplea en cosmética, pues los aceites y aromas que contiene éste último pueden agriar rápidamente la goma volviéndola quebradiza e inutilizando el traje por completo.

Válvulas de inflado y purga

Otra de las características propias de los trajes secos es la capacidad que tiene el usuario en los primeros de variar su volumen a lo largo de la inmersión –de ahí el nombre de traje seco de volumen variable-. Esto se logra, una vez que el hermetismo es completo, mediante la incorporación de una válvula de inyección de aire al traje y otra de purga que permite evacuar el aire del interior de acuerdo a las necesidades del buceador.

La posición de ambas válvulas ha ido migrando a lo largo del tiempo por diferentes puntos. En la actualidad, la válvula de inyección ha de localizarse en un lugar que en posición normal de buceo se encuentre a una cota inferior que la válvula de purga, habitualmente la zona central del pecho, esto es, la “quilla” del buceador. Esta posición no suele interferir con el resto del equipo habitual del buceador, en particular del chaleco hidrostático, y su localización es, además, muy intuitiva.

La válvula de purga, por el contrario, ha de localizarse en una de las cotas más elevadas del buceador. Por ello se suele preferir ubicarla en la cara externa de la manga izquierda – pues sólo un 10% de la población es zurda-, y no directamente sobre el hombro, lugar que interferiría con un chaleco hidrostático tipo jacket. La mayoría de los fabricantes han preferido situar la válvula en el brazo en posición bicipital, mientras que una minoría apuesta por el antebrazo, ya que en esa posición la válvula se puede elevar en caso de necesidad por encima de la cabeza del buceador. Sin embargo, esta segunda localización que a priori podría parecer más acertada, compromete la instalación de equipo de medición (i.e., ordenador, profundímetro, brújula), y en caso de inflado accidental del traje la válvula es más difícil de pulsar con la mano contraria.

Una medida de seguridad que han de cumplir sin excepción las válvulas de los trajes de volumen variable es que el caudal de admisión de aire sea siempre inferior al caudal de expulsión, de forma que en caso de bloqueo en flujo continuo de la válvula pectoral, no se comprometa la seguridad del buceador y se evite una subida “en globo”. Las válvulas de purga actuales tienen, además del sistema de purga manual presionando la válvula, un sistema de regulación de forma que se puede elegir la presión a partir de la cual se produce la expulsión espontánea de aire. Este dispositivo resulta muy útil y libera al buceador de la necesidad de atender constantemente la válvula de purga en los diferentes cambios de cota que realiza durante la inmersión.

El anclaje y sellado de las válvulas se realiza normalmente mediante el roscado de dos discos, uno interno y otro externo, que aprisionan en medio el tejido del traje. Además puede presentar juntas tóricas de refuerzo en las zonas de unión del tejido a la válvula. Las roscas pueden ser autoblocantes, pero han de permitir el desensamblado de la válvula para su mantenimiento y reparación. Todo ello hace que, efectivamente, ambos puntos sean lugares por los que de cuando en cuando se puedan producir pequeñas filtraciones de agua al interior del traje. Para evitarlas es necesario limpiar bien las válvulas, y asegurar la adecuada presión de las roscas antes de cada inmersión, y en el caso de la válvula pectoral de admisión, si el cabezal no es orientable para la conexión del latiguillo, fijarla en la posición que minimice las tensiones provocadas por el anclaje de la toma de aire. Es importante señalar que, al igual que sucedía en el caso de las cremalleras, las roscas y juntas tóricas de las válvulas no deben ser lubricadas, ya que los lubricantes contienen sustancias disolventes que pueden dañar el tejido del traje.

En resumen…

En la actualidad existe en el mercado una gama muy amplia de trajes secos, con tallas y hechuras adecuadas para hombre y mujer, realizados en diversos materiales y con soluciones técnicas que aseguran a estas prendas una larga vida en óptima concisiones de trabajo, siempre que seamos cuidadosos en su mantenimiento tras cada inmersión.

¿Cómo se clasifican las cremalleras?

Las cremalleras se clasifican según su pitch que se expresa mediante una cifra que indica el número de dientes que hay en una pulgada de cremallera. Por lo tanto, cuanto menor es el número pitch mayor es el tamaño de los dientes y mayor es la tensión de tracción que puede aguantar la cremallera. Es importante tener en cuenta que para la confección de trajes de buceo de volumen variable deben emplearse cremalleras de 6 pitch (heavy duty) o de 8 pitch (medium duty), pero nunca un pitch superior.

¿Cómo localizar un pinchazo en un traje seco?

Vale, lo que nos temíamos ha sucedido. Llevamos tres o cuatro inmersiones en las que invariablemente nos entra agua por algún lugar del traje, pero no sabemos localizarlo, porque es un pequeño poro, demasiado pequeño para detectarlo a simple vista. ¿Qué hacer en esta situación? Larry “Harris” Taylor propone en su “Dry Suit  Maintenance” dos métodos que son ya clásicos entre los buceadores:

  1. Al igual que hacemos cuando queremos encontrar un pinchazo en una camara de bicicleta: nos ponemos el traje en la superficie e inyectamos aire en él hasta crear una presión positiva en su interior. Le pedimos a nuestro compañero de buceo que vaya enjabonando a conciencia toda la superficie del traje. Allí donde el jabón burbujee, tendremos los poros.
  2. En completa oscuridad introducimos una linterna potente en el interior del traje de buceo, y recorremos la superficie hasta que desde el exterior veamos los puntitos de luz que indican los poros.
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