Posteado por: zco1999 | 1 agosto 2010

Naufragio del Vagabundo III: relato de un superviviente

Nuestro amigo Marcos Burgos -buceador y navegante- y tres colegas más –Arturo Mollá, Enrique Jiménez y Oscar Aguayosobrevivieron al naufragio de su velero cuando navegaban rumbo a la isla de Ibiza. A las pocas horas del accidente, Marcos ha escrito este relato de lo que sucedió en alta mar aquella fatídica madrugada del 23 de julio de 2010, en la que tras la colisión con un pesquero el Vagabundo III desapareció para siempre de la superficie, y se convirtió en otro pecio más en el fondo del Mediterráneo. El del Vagabundo III fue un final noble, pues no se llevó con él la vida de ninguno de sus tripulantes, pero la historia  es de las que merece ser contadas.  Y qué mejor que el relato de Marcos para conocer de primera mano lo que sucedió.


Tras un día de navegación caía la noche por la proa del Vagabundo III

Estuvimos navegando desde las 11,30h hasta las 2,30h aproximadamente. Durante este tiempo nos cruzábamos con todos los buques de pasajeros y cargueros que salen de las islas y que llevan rumbo a Barcelona, Alicante etc. La verdad es que impresionaba ver semejantes moles pasando a milla y media de nuestro cascarón. Oscar corregía rumbo sin problemas y los buques pasaban a lo lejos por babor y estribor. Yo pensé que había mucho tráfico y se lo comenté a Oscar que corroboró mi opinión.

En un momento determinado un barco de pasajeros  se arrimó demasiado, a una milla más o menos. Se aproximaba por babor y le comenté a Oscar que debíamos llamar al patrón para que valorase la situación. Arturo salió enseguida del camarote y cambió rumbo. Rápidamente el otro barco nos daba su popa y desaparecía en el horizonte.

El velero Vagabundo III

Tras la maniobra le dijimos al patrón que descansara un poco más, que le guardábamos la última guardia para que estuviera al mando cuando llegáramos a San Antonio.

Yo estaba ya cansado y aunque no podía dormir decidí acostarme un poco. Oscar quería seguir navegando y cogiendo practica así que me dijo que me tumbara un rato. Desperté a Kike y subió a cubierta.

Mas tarde mientras yo estaba adormecido echado en el interior, sentí como Oscar pasaba delante de mí hacia el camarote de proa a descansar, aproximadamente las 3:00 h. Kike estaba en cubierta y, aproximadamente a las 4:40 h, sentí el cambio de guardia, la voz grave del Patrón se oía mientras Kike se echaba a descansar. Aún pude ver al patrón subir y bajar un par de veces a leer las cartas de navegación.

Me encontraba  en esa fase del sueño en la que duermes pero eres levemente consciente de lo que te rodea, cuando de pronto, el ruido de una explosión inmensa junto con un movimiento bestial del barco, me dejó el cerebro en stand by. Instantes después mi cerebro reseteó a una velocidad de vértigo y empecé a ser consciente de la situación.

Estaba tirado en posición fetal debajo de la mesa del camarote, levanté mi cabeza y vi a Kike que se encontraba de pie completamente desorientado gritando: “¿Qué ha pasado? ¿Qué pasa?“, mientras se movía de un lado para otro.

Me levanté como pude y al poner los pies en el suelo me di cuenta de que el barco se llenaba de agua a una velocidad vertiginosa. Kike retiraba la puerta del camarote que se había quedado cruzada. La luz era muy tenue, apenas se veía el hueco de salida. Yo, consciente de la magnitud de la vía de agua grité con fuerza: “¡Fuera, fuera! Nos hundimos, vamos fuera!”, mientras suponía que el motor debía haber explotado. No entré en pánico. El cuerpo y la mente se ponen firmes ante una situación tan inesperada y responden a una velocidad endiablada. El sentido de supervivencia y de compañerismo prevalecen. No miras atrás, sólo intentas visualizar la situación y comprobar que tus compañeros están ahí. Esto no sólo me ocurrió a mí, sino a todos los tripulantes del Vagabundo III simultáneamente.

La puerta se volvió a bloquear en parte una vez que salió Kike a la bañera. El agua ya llegaba por la espinilla y subía rápidamente. No dudé en  romper el madero de un manotazo para salir. Detrás de mí salió Oscar que había estado durmiendo en el camarote de proa. Su angustia fue tremenda, en pocos segundos tuvo que desbloquear la puerta de su camarote que se había cerrado totalmente con la explosión.

Sólo cuando todos estuvimos en cubierta fui consciente de lo que había ocurrido realmente. Arturo -el patrón- permanecía en cubierta, pero la mesana y los estays habían desaparecido dejando un espacio despejado que se antojaba surrealista.  A unos diez metros por popa se divisaba la silueta de  un barco. Un pesquero había colisionado con nosotros, abordando y partiendo el Vagabundo III prácticamente en dos. En ese instante supe que no había nada que hacer y que la suerte de nuestro velero estaba decidida; no habrían pasado ni dos minutos desde el impacto y el agua ya inundaba los camarotes por completo.

Milagrosamente vivo, Arturo andaba buscando en la escalerilla del camarote de popa los chalecos salvavidas.  Inmediatamente se dio cuenta de que nos hundíamos y que  no había tiempo para nada, ni siquiera para sacar los chalecos. Avise a voz en grito a Oscar: “¡La Zodiac, Oscar…  Suelta la Zodiac!“.  La respuesta de Oscar fue inmediata. Apenas unos segundos después la zodiac estaba en el agua flotando. Kike  volvió sobre sus pasos  a la escotilla del camarote para valorar la situación y exclamó: “¡Nada que hacer, al agua!”. Cogió un aro salvavidas mientras yo abría los anclajes del bote salvavidas para dejarlo suelto.

En ese instante el pesquero que nos había abordado ya estaba en posición de salvamento frente a nosotros. Sus focos  iluminaban ya la zona y veíamos casi perfectamente haciéndonos cargo de la situación. Uno de los pescadores nos lanzó un cabo. Oscar se lanzó desde lo que quedaba de popa para alcanzarlo y cayó encima de la zodiac, pero el cabo era demasiado corto y finalmente tuvo que soltarlo.

Momentos después nuestro velero, el Vagabundo III, dejaba para siempre la superficie. Sólo pensábamos en que no nos succionara al hundirse camino del fondo. Un escalofrío me invadió cuando noté como un cabo rozaba mis pies ya en el agua. Instintivamente giré el pié en la dirección de las agujas del reloj y el cabo paso de largo y me sentí liberado. Aquel fue el único momento en que sentí peligro de muerte real pero, en aquella situación limite,  consciente de todo lo que estaba sucediendo, actué por instinto sin pensar. Ya no estaba el Vagabundo III, se había hundido por completo. Nosotros cuatro estábamos en el agua, vivos.

La situación parecía controlada, estábamos apoyados en la zodiac colocados en línea. Arturo entre Kike y yo, y Oscar al lado de Kike. No sé como lo hizo pero Kike en sólo unos segundos había controlado el bote salvavidas y lo tenía aferrado con una mano, el aro salvavidas metido por su brazo y a la vez estaba apoyado en la zodiac sujetando a Arturo. En fin, este hombre tenía todo lo que nos podía salvar en sus manos. Oscar remaba  como podía con el mástil de la bandera de España que llevaba el Vagabundo y que había quedado flotando como tantas cosas en la superficie del mar.

Yo gritaba para que los cuatro nadasemos hacia el pesquero Pesgamar, ya que la corriente nos alejaba rápidamente de él. Pero Kike insistió en que no avanzáramos porque veía los aparejos de pesca de nuestro velero flotando a nuestro alrededor y temía que nos enredáramos en ellos.

El pesquero nos alcanzó finalmente y pudimos agarrar un cabo para acercarnos. Aunque la mar no era mala el casco del pesquero subía y bajaba dos o tres metros con el oleaje y era muy complicado subir. Los marineros colocaron las defensas de puerto para que subiéramos. Ya estábamos pegados al casco y Oscar ofreció a Arturo subir. Nuestro patrón tiene 77 años y aunque es duro como la madera de olivo estaba más exhausto que nosotros, así que finalmente fue Oscar el primero en subir al barco con ayuda de los marineros.

Kike tenía la situación en el agua bajo control. Ayudaba a Arturo a subir a la zodiac para que pudiera descansar un instante y recobrar fuerzas. Yo subí al barco y valoré la situación desde arriba. Un marinero, viendo que a Arturo le fallaban las fuerzas, se tiró al agua sin dilación y ayudo a mantener a flote al patrón.

A bordo del pesquero había un evidente desconcierto y griterio. Me asomé por la borda y miré a Kike que me indicaba:  “Atiéndeme y hazme caso sólo a mí”. Arturo estaba exhausto y la situación era muy tensa.  Me pidió que le tirara un cabo para atar a la cintura de Arturo, ya que por su edad y peso no podría subir por si solo, y así lo hice. Le pedí al uno de los marineros que hiciera un nudo para abrazar con el cabo a Arturo y se lo lancé a Kike. El propio Arturo se volvió a anudar con un as de guía para asegurarse ya que el suelo de la zodiac había desaparecido y solo quedaban los flotadores.

Transcurrieron entonces unos minutos de tranquilidad cuando Arturo estaba ya asegurado. Los marineros prepararon una escalera de acero y la ataron a un cabo para dejarla colgando y que el patrón del Vagabundo pudiera apoyarse en ella para subir. Por fin, todos a una desde abajo y desde arriba tiramos y empujaron, y el patrón subió a bordo del pesquero. Detrás de él subieron Kike y el marinero. Estábamos salvados.

Los cuatro tripulantes salvamos la vida gracias al trabajo en equipo y a la rápida intervención de salvamento de los pescadores del Pesgamar. La serenidad en aquellos momentos difíciles ha sido clave para que hoy pueda contar lo sucedido en este breve relato.

El Vagabundo se hundió  el 23 de julio de 2010 a  las 5:30 h de la madrugada a 10 millas de la costa de San Antonio en la isla de Ibiza en no más de 3 minutos.  Sus tripulantes viajabamos sanos y salvos hacia la costa de Alicante.

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Responses

  1. Gracias a dios que estais bien! Me ha encantado y las fotos de inmersion son preciosas! Gracias por compartirlo con nosotros.
    Saludos

    • Sí, Sara, una suerte que todos saliesen de ese trance prácticamente sin un solo rasguño. El mar es así… y en esta ocasión sólo pidio el velero como tributo.

      Gracias por tu comentario 🙂

  2. Me alegro de que todo saliera bien ! Tuvísteis mucha suerte. Por lo visto ayer hubo otro incidente en las costas de Ibiza.


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