Posteado por: zco1999 | 14 diciembre 2011

La carrera a muerte por la conquista del Polo Sur cumple cien años

(Modificado de ElPaís.cr y ELMUNDO.es)

Hace cien años, el noruego Roald Amundsen se convirtió en el primero en llegar al Polo Sur, ganando la carrera al británico Robert Falcon Scott, que murió durante su regreso. Un siglo después, el mito de esa dramática conquista de la Antártida sigue vivo.

Roald Amoundsen

A -23º C con la cabeza descubierta y la mirada fija a la bandera noruega clavada sobre una tienda de campaña: así ha quedado en la memoria y plasmada en una fotografía ese gran momento para Amundsen y su compañero, los primeros hombres en llegar al Polo Sur el 14 de diciembre de 1911.  Esa mañana, hace cien años, Amundsen escribía en su diario: “Un tiempo espléndido. Casi sin viento y con claros. Unos 25 grados bajo cero“.

Año y medio antes, el 7 de junio de 1910 Roald Amundsen partió a bordo del Fram desde Christiania, en Noruega con una mentira: dijo al rey Haakon, su patrocinador, a todos los noruegos y también a Scott que quería ser el primero en llegar al Polo Norte y conquistarlo para Noruega, mientras Scott se encontraba ya declaradamente de camino a la Antártida con el objetivo de ser el primero en llegar al Polo Sur.

Pero en vez de enfilar hacia el Ártico, se dirigió hacia el Atlántico Sur. Sólo cuando habían atracado en Madeira, última escala antes de la Antártida, Amundsen descubrió a una sorprendida tripulación que se dirigían al continente helado. El aviso del cambio de planes también causó sorpresa a Fridtjof Nansen, propietario del ‘Fram’, y a los miembros de la Expedición Británica Antártica, a quienes les pareció más que inadecuado. Amundsen escribió desde la isla portuguesa un escueto comunicado a Scott: «Permítame informarle que el ‘Fram’ se dirige a la Antártida. Amundsen».La carrera por la conquista del Polo Sur había comenzado.

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Amundsen consideró que tenía mejores oportunidades de ganar una carrera contra el británico que de conquistar el Polo Norte, que consideraba mucho más difícil.

Alcanzada la Bahía de las Ballenas, un lugar cercano al elegido por la expedición de Scott para instalar su campamento base, el Fram dejó en tierra firme a nueve hombres en enero de 1911, dispuestos a pasar el duro invierno antártico como parte de la preparación para el viaje al polo Sur. Junto a ellos, 95 perros esquimales, una gran cabaña de madera que había viajado hasta allí en dos secciones y víveres para aguantar dos temporadas.

Al mismo tiempo, los británicos desembarcaban en el cabo Evans. Después de que en 1902 viajase al frente del Discovery, en la Expedición Antártica Nacional Británica, Robert Falcon Scott, oficial de la Marina británica, regresó al polo aquel 1910 a bordo del Terra Nova. Había preparado a conciencia su expedición, o eso creía: 65 hombres, trineos motorizados, 19 ponis de Manchuria, 39 perros, 162 carneros, cerdos y varias toneladas de comida y combustible. Enterado de los planes del noruego cuando se dirigía  a la Antártida, acampó en dicho cabo de la isla de Ross para pasar el invierno.

Por fin, el 19 de octubre de 1911, ya iniciado el breve verano ártico, cinco noruegos comandados por Roald Amundsen se dispusieron a cruzar la plataforma de Ross. Llevaban cuatro trineos que tiraban 13 perros nórdicos cada uno.

Scott inició la travesía de la plataforma de Ross al frente de un grupo de ocho hombres acompañados por 10 ponis el 24 de octubre de aquel mismo año. La distancia que ambos grupos tenían que recorrer superaba los 1.450 kilómetros. Scott había calculado un ritmo diario de 20 kilómetros, de manera que en su viaje de ida y vuelta hasta el polo Sur, debía terminar en el campamento base de cabo Evans a comienzos de marzo de 1912. Por su parte Amundsen, cuando ya había regresado de su travesía polar, calculó que la ruta que recorrieron fue de 1.400 kilómetros, a razón de 25 kilómetros diarios de media.

Rutas seguidos por amundsen(rojo) y Scott (verde) hasta el Polo Sur.

Tras cruzar la peligrosa plataforma de Ross, los noruegos alcanzaron el 11 de noviembre la cordillera de la reina Maud. Apenas tardaron cuatro días en cruzarla. «El viaje entre 81 y 83º se convirtió en viaje de placer; un lindo terreno, hermosos trayectos en trineo y una temperatura sin variar», escribió Amundsen en su diario.

El 8 de diciembre, por un terreno sin demasiadas dificultades, llegaron al punto más meridional alcanzado por el británico Shackleton durante su expedición de 1907-1909, a 88º 23’S y unos 155 kilómetros del polo Sur. Seis jornadas más tarde, el 14 de diciembre de 1911, exactamente a las tres de la tarde, Roald Amundsen, junto con sus compañeros Olav Bjaaland, Helmer Hanssen, Sverre Hassel y Oscar Wisting, alcanzaron su anhelado objetivo: estaban en el polo Sur.

Levantaron la bandera noruega, erigieron una tienda de campaña y tomaron fotografías. La alegría del éxito no impidió a Amundsen escribir aquel mismo día en su diario: “Nunca he conocido a nadie que se haya visto tan diametralmente opuesto a la meta de su vida que yo. Desde niño siempre he soñado con llegar al polo Norte y ahora me encuentro en el polo Sur. ¿Puede alguien imaginar algo tan contradictorio?“.

Mientras tanto, Scott y sus hombres tardaron un mes en atravesar la plataforma de Ross desde que iniciaron el viaje. El 21 de diciembre se encaraman a la plataforma antártica. En este lugar Scott eligió a cuatro hombres para que le acompañasen rumbo al polo: Henry Bowers, Edward Wilson, Lawrence Oates y Evans, enviando al resto de regreso.

El 17 de enero de 1912, 34 días más tarde que la expedición de Amundsen, y después de una extenuante travesía, los británicos se encontraron en el polo Sur con la tienda y la bandera dejada por los noruegos. Como futbolistas que han perdido un simple partido, la foto que se hacen allí mismo muestra unos rostros que aceptan resignados el destino; sus caras no parecen más defraudadas que quienes sufren una goleada. Aunque Scott garabateó entonces en su diario: “Ha sucedido lo peor. Nuestros sueños deben esfumarse. ¡Dios mío, este lugar es horrible!“, al tiempo que señaló que el viaje de vuelta sería “monótono y cansado”.

Pero el camino de vuelta resultó ser trágico para los británicos. Scott y sus cuatro compañeros murieron de hambre, extenuación y frío. Scott había contado con poneys y trineos a motor que resultaron totalmente inadecuados para la Antártida. La expedición de Amundsen logró sin embargo recorrer 2.600 kilómetros en 99 días con trineos de perros y esquís.

El ganador fue recibido medio año después en su país como un héroe nacional. La admiración nacionalista hizo perdonar su descarada mentira sobre el Polo Norte. Y mientras los británicos lloraban la tragedia de su contrincante, los noruegos celebraban que simplemente Amundsen, de entonces 39 años, fue más listo que su competidor.

Y es que un resultado distinto no se le habría perdonado. “Como perdedor, Amundsen no habría podido regresar a Noruega. Para él era todo o nada“, explica Tor Bomann-Larsen, biógrafo del conquistador. Y así le dio a su país, sólo seis años después de su independencia, un nuevo símbolo de confianza nacional. “Amundsen había dado un golpe al poderoso imperio británico a favor de la pequeña noruega. Algo que ese joven Estado no habría conseguido nunca de otra forma“.

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