Posteado por: zco1999 | 21 abril 2012

Los osos polares evolucionaron a partir de osos pardos hace 600,000 años

(Modificado de ELMUNDO.es)

El origen de los osos polares (Ursus maritimus) como especie independiente tuvo lugar hace unos 600.000 años, según revela una investigación internacional en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su historia evolutiva es, por lo tanto, cinco veces más antigua de lo que se creía hasta ahora, tal como refleja el artículo que ocupa la portada en la revista ‘Science’.

Este estudio alemán contradice los datos de un estudio publicado el pasado mes de julio en la revista Current Biology que sugería que los osos polares se separaron de los osos pardos hace 150.000 años. El nuevo estudio analizó el ADN mitocondrial de los osos, un “genoma adicional” que vive en las células que fabrican energía y se transmite únicamente de la madre. El nuevo estudio concluye que los osos se convirtieron en especies separadas cerca de 600.000 años atrás.

Si los osos polares tuviesen sólo 150.000 años, según lo sugerido por el estudio anterior, habrían tenido que evolucionar muchos rasgos especializados en un tiempo breve, dicen los investigadores alemanes.

He estado mucho tiempo desconcertado por la sugerencia de que los osos polares evolucionaron rápidamente en las dos especies“, dijo Frank Hailer de la Senckenberg Nature Research Society en Frankfurt. “Tuve esta persistente pregunta: ¿Es realmente cierto?

Artículos previos habían encontrado similitudes en el ADN mitocondrial (procedente de la madre) entre los osos polares y los osos pardos (U. arctos). Debido a ello, se asumió que la especie ártica pertenecía a un linaje escindido de sus primos marrones hace entre 166.000 y 111.000 años y que había experimentado una rápida adaptación a las condiciones polares.

La nueva investigación se ha basado en el análisis del ADN nuclear procedente de 19 ejemplares de oso polar, 18 ejemplares de oso pardo y 7 ejemplares de oso negro (U. americanus). Las diferencias detectadas entre los genomas indican que la especie polar y la parda divergieron de un ancestro común hace unos 600.000 años.

Adaptación al medio ambiente

Los investigadores dicen que los datos de ADN mitocondrial podrían haber venido de un evento de hibridación entre oso polar y pardo hace 150.000 años durante el último periodo interglaciar caliente. Durante ese tiempo, el hielo marino se derritió y obligó al oso polar a desplazarse a la costa, donde entró en contacto con los osos pardos.

Los investigadores dicen que esta hibridación (similar al híbrido “pizzly” o “Grolar” visto en los últimos años en Canadá) introdujo el  del ADN mitocondrial del oso pardo en la población de osos polares. Si el ADN de los osos pardos ayudó a los osos polares a sobrevivir a ese período de calentamiento, es posible que hubiera podido propagarse fácilmente entre la población.

El nuevo hallazgo supone una evolución mucho más similar al del resto de los mamíferos árticos. Leonard opina que sus adaptaciones específicas, como el pelo blanco, la piel negra y la envoltura de sus pies, “son ahora menos sorprendente“. El zorro polar (Alopex lagopus), por ejemplo, se separó de su linaje original hace unos 900.000 años.

Pérdida de hábitat

La creencia de que los osos polares habían evolucionado en tan sólo entre 166.000 y 111.000 años suponía que dicha especie poseía una elevada capacidad adaptativa a las condiciones polares. Este cambio de paradigma sugiere que podrían ser mucho más sensibles de lo que se pensaba ante los posibles efectos del cambio climático. Esta especie no sólo se enfrenta a la desaparición de su hábitat a causa del deshielo glacial.

Leonard explica que este hecho les obliga a “colonizar regiones habitadas por los humanos donde su supervivencia se ve comprometida“. La investigadora del CSIC concluye: “Si perdiéramos al oso polar en nuestra era, deberíamos preguntarnos hasta qué punto hemos dificultado su supervivencia, ya que ellos fueron claramente capaces de resistir otras épocas más cálidas en el pasado“.

El artículo ha sido liderado por investigadores de Centro de Investigación en Biodiversidad y Cambio Climático (Alemania), y ha contado con la colaboración del Servicio de Pesca y Vida Salvaje (Estados Unidos) y la Universidad de Lund (Suecia).

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