Posteado por: zco1999 | 6 julio 2012

El dátil de mar: un molusco excepcional del Mediterráneo en peligro

(Modificado de: Díaz, D., Abelló, P. (2001). El dátil de mar, ¿Recurso pesquero o especie a proteger estrictamente?, Buceo XXI)

Lithophaga lithophaga, coocido como dátil de mar (“date-shell” en inglés, “dattero di mare” en italiano, “la dattede mer” en francés, o “dàtil de mar” en catalán) es un molusco bivalvo filtrador de la familia de los mitílidos. A diferencia de su pariente, el mejillón -que vive adherido con el viso a la superficie de las rocas del litoral-, el dátil  presenta un modo de vida muy peculiar: habita en agujeros de la roca calcárea que él mismo perfora con secreciones de ácido del manto y pequeños movimientos rotatorios de su concha. Por ello presenta una característica forma cilíndrica alargada con valvas de igual forma y tamaño, de un color marrón y negruzco, que le asemejan al fruto de la palmera del que recibe su nombre.

El dátil de mar tiene su hábitat preferencial en zonas rocosas calcáreas de poca profundidad, hasta los 25 m, aunque también puede encontrarse  en rocas metamórficas con elevado contenido en carbonato cálcico con menor densidad. Las mayores concentraciones de este bivalvo perforante se encuentran en extraplomos o paredes verticales, lugares que evitan la acumulación de sedimentos que acabarían por colmatar los orificios donde vive, asfixiandolos.

Suele perforar la caliza perpendicularmente al sustrato, optimizando el uso del espacio y su densidad, puesto que la superfície de roca disponible es un factor limitante para el desarrollo de sus colonias. Las comunidades en las que habita el dátil son muy ricas en fauna bentónica sésil, como esponjas, cnidarios, poliquetos sedentarios, ascidias, briozoos, o algas incrustantes, esciáfilas o semiesciáfilas, que forman un sustrato biológico sobre la roca calcárea que puede tener de varios centímetros de grosor.

El dátil de mar forma parte de la comunidad endolítica, formada por aquellos organismos perforantes que habitan el interior de las rocas. El dátil es un verdadero ingeniero de los litorales, y tras su muerte, los orificios en la roca proporcionan refugio a multitud de organismos. Las ofiuras y algunos blénidos, como Parablennius rouxi, utilizan estos agujeros como refugio. La langosta roja, Palinurus elephas, los utiliza como refugio preferente en sus primeras fases como juvenil recién asentado en el bentos.

Una de las principales causas de mortalidad natural de los dátiles parece ser la depredación por parte de estrellas de mar. La estrella verde, Marthasterias glacialis, es uno de los mayores depredadores de estos bivalvos.

El dátil de mar es una especie de crecimiento lento y muy longeva, alcanzando edades superiores a los 50 años. Una baja tasa de crecimiento, unida a una elevada longevidad y muy posiblemente (porque no existen demasiados estudios) con una talla de primera madurez relativamente longeva, es decir, que empiezan a reproducirse a una edad tardía, predisponen rápidamente a esta especie a tener problemas en caso de una explotación no controlada. Es muy difícil, si no imposible, la consecución de niveles de explotación sostenibles en especies de crecimiento lento, vida larga y adquisición tardía de la madurez.

Se trata de un molusco que ha sido muy apreciada para el consumo humano desde la antigüedad en todo el litoral mediterráneo , por lo que  dado su hábitat costero, ha sido extraído para su consumo tanto por profesionales como por aficionados. y su extracción ha estado presente en todas las costas mediterráneas que presentan el hábitat rocoso adecuado. Por ello, la explotación de esta especie en algunas zonas del litoral mediterráneo, para cuya captura se requiere la destrucción de las rocas en las que vive, ha ocasionado importantes daños ecológicos locales.

La explotación del dátil ha sido desde siempre una actividad tradicional en las costas rocosas calcáreas de Italia y Yugoslavia, así como en el litoral mediterráneo español. Los métodos de extracción de este bivalvo son muy dañinos para la comunidad de organismos que tapizan las paredes y rocas. Tradicionalmente se usaban mazas y escarpas con los que se picaban las rocas abundantes en dátiles. Ésta, la rotura de la roca con la consecuente destrucción de la fauna y flora bentónicas acompañante, es la única forma de extracción, ya que debido a que el agujero que va formando el dátil en el interior de la roca a medida que va creciendo es mayor en su parte media que en el orificio de entrada, es imposible su extracción si no es rompiendo y fragmentando el hábitat donde vive. Actualmente, el uso de martillos neumáticos o la simple extracción de rocas a la superficie y su posterior rotura, ya en la barca, hacen de esta actividad una práctica que requiere una prohibición y control drásticos de su extracción.

Recientemente se han comenzado a explotar las poblaciones de dátil en Marruecos, en las que se están utilizando incluso explosivos en su extracción, para su exportación al litoral mediterráneo español, donde existe la mayor demanda de su consumo.

Esta práctica ha hecho mella en los foros de discusión internacionales para especies amenazadas. Así, el dátil está incluido en la lista de especies con protección especial en el anexo IV de la Directiva Hábitats, en el anexo II del Convenio de Berna y en el anexo II del Convenio de Barcelona.

El dátil de mar requiere hoy en día una total protección. Sus poblaciones están muy mermadas y parece difícil que puedan recuperarse si no existe una protección efectiva. Para ello, se debería considerar esta especie no como un recurso de pesca, sino como una especie incluida en directivas que la consideran especie amenazada y requieren de un estricto programa de conservación. El Principio de Precaución, reflejado en el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO, invoca que, ante síntomas evidentes de sobreexplotación de una población, unido al asimismo evidente impacto ambiental de las técnicas extractivas y a una escasez de conocimientos científicos sobre la biología y dinámica de las poblaciones explotadas, se tomen medidas prioritarias destinadas a la protección de las poblaciones, antes de que éstas entren en un proceso dinámico de colapso.

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