Posteado por: zco1999 | 28 diciembre 2012

Cocos: la leyenda de la verdadera “Isla del Tesoro”

La Isla de los Cocos, o simplemente la Isla del Coco -como la conocen los buceadores-, es un legendario lugar del Océano Pacífico a unos cuatrocientos ochenta kilómetros al sudoeste de Costa Rica, país al que pertenece en la actualidad. Descubierta en 1526 por el navegante Joan Cabezas, desde el siglo XVII esta remota y solitaria isla empezó a adquirir fama de ser una fuente potencial de riquezas incalculables, una reputación que sigue viva, pues hay referencias históricas de que al menos los piratas ocultaron allí al menos tres tesoros… o quizá más.

La Isla del Coco.

Uno de los primeros piratas que pasó por este pedazo de tierra fue el capitán inglés Edward Davis, que formaba parte del destacado grupo de bucaneros integrado, entre otros, por John Coxon, Bartholomew Sharp y William Dampier.

Los tesoros de Davis

Con su barco, el Bachelor’s Delight, Davis saqueó ciudades costeras españolas, como Guayaquil, en Ecuador, o León, en Nicaragua en 1685. Desembarcó en la bahía Chatham sus botines y los enterró en los alrededores. Muchos de sus hombres debieron hacer lo mismo, por lo que se cree que en esa zona hay enterrados varios tesoros menores. Davis amasó suficiente fortuna para retirarse temporalmente a Florida mientras estuvo en vigor la amnistía que el rey Jaime II concedió a los piratas. Después volvió a la piratería y desapareció misteriosamente alrededor de 1702. Se cree que terminó sus días en Jamaica y que no regresó a la isla a recuperar su tesoro. Acerca de la ubicación del tesoro de Davis sólo existen vagos y escasos datos.

En 1875 el marinero  Bob Flower dio con uno de los tesoros menores de los hombres de Davis, al resbalar entre la maleza y caer por un pequeño desfiladero justo encima de uno. Salvo la vida y logró salir de ahí, pero no sin antes haber visto y recolectado unas monedas de oro. Tiempo más tarde  intentó volver a aquel lugar, pero no dio con él.

El tesoro de Benito Bonito

Aquella remota isla también sirvió de escondrijo a otro pirata más de cien años después de la presunta muerte de Davis, el portugués Benito “Espada Sangrienta” Bonito. En 1819, Bonito se apoderó de un cargamento de oro que había partido del puerto mexicano de Acapulco y, al volver a Coco, lo escondió en la bahía de Wafer. Dos años más tarde el pirata murió en un enfrentamiento con un militar británico en las Indias occidentales y no pudo recuperar el tesoro.

La bahia Wafer es el lugar donde Benito Bonito enterró su tesoro.

Pero, a diferencia de Davis, Bonito dejó pistas sobre la situación del escondite. En 1880, el nieto de uno de los hombres que había navegado con Bonito enseñó el mapa de un tesoro a un aventurero alemán llamado August Gissler. Representaba una isla que el viejo pirata denominaba «Las Palmas». Gissler copió el mapa y, al cabo de ocho años, en Hawai, encontró otro. Comparando ambos, llegó a la conclusión de que la isla en cuestión era la de Coco.

El mapa de Gissler.

Se fue a vivir allí y pasó diecinueve años buscando el tesoro. Durante ese tiempo padeció grandes penalidades, como el ataque de dos cruceros ingleses empeñados en apoderarse del posible botín. Los ingleses no encontraron nada y Gissler no tuvo más suerte que ellos. El único fruto de dos décadas de esfuerzos fue un doblón de oro y otras cinco monedas españolas de 1788. Gissler murió pobre en 1930, en la ciudad de Nueva York., tras jurar que no volvería a la isla después de un desafortunado accidente que acabo con la vida de su mujer.

August Gissler.

Por una ironía del destino,  en 1932, a los dos años de la muerte de Gissler, un ingeniero y zahorí llamado Clayton que utilizó para la búsqueda un detector de metales declaró haber hallado uno de los tesoros de Bonito. Según Clayton, el oro apareció más o menos en el lugar señalado en el mapa, lo que demuestró que al menos algunas cartas de navegación piratas son exactas.

El tesoro de Thompson

En 1825, el ejército revolucionario de Simón Bolívar obligó a los españoles a abandonar el territorio sudamericano que habían ocupado en el transcurso de los tres siglos anteriores. Las tropas del libertador se aproximaban a Lima, capital del virreinato del Perú y una de las ciudades más ricas del continente, mientras cundía el pánico entre las autoridades civiles y eclesiásticas.

El navío de  William Thompson, el Mary Dear, estaba anclado en el puerto de Líma después de haber realizado una travesía comercial, y los españoles, desesperados por poner a salvo sus fortunas, llegaron inmediatamente a un acuerdo con el capitán. El Mary Dear se llevaría cierta cantidad de riquezas, bajo custodia española, para evitar que cayeran en manos de Bolívar. Si la ciudad salía victoriosa de la lucha contra los revolucionarios, Thompson devolvería su cargamento al cabo de unas semanas. Si Lima se rendía, el capitán pondría rumbo a la ciudad de Panamá, que seguía siendo un baluarte español, y descargaría allí el tesoro.

Subieron a bordo del navío aquella auténtica fortuna, objetos preciosos entre los que se contaba una estatua de oro macizo de tamaño natural de la Virgen. El Mary Dear levó anclas, pero desde un primer momento Thompson no debía tener la menor intención de respetar su parte del contrato. Una vez en alta mar, se deshizo fácilmente de los dignatarios españoles que viajaban con él -incluido un sacerdote- y puso rumbo a la isla de Coco. Al llegar a tierra, escondió el grueso del tesoro en una cueva y repartió el resto entre su tripulación. Pero no disfrutaron mucho tiempo de su prosperidad.

Pero los españoles no eran tan confiados como parecían, y Thompson  había despertado sus sospechas. La fragata Espi capturó el Mary Dear, y todos sus tripulantes, excepto Thompson y el primer oficial, fueron condenados a muerte por robo y piratería. Los españoles perdonaron la vida a estos últimos con el fin de que les sirvieran de guía para llegar hasta el escondite del tesoro.

La bahía Wafer.

Cuando regresaron a la isla de Coco, los dos hombres lograron burlar a sus captores y ocultar mientras éstos realizaban una infructuosa búsqueda. Al cabo de una semana, los españoles se dieron por vencidos y levaron anclas, abandonando a Thompson y al primer oficial con su botín. Transcurrida otra semana, un ballenero atracó en la isla. Los bucaneros salieron de su escondite y se presentaron ante la tripulación del barco, pero no revelaron la existencia del tesoro y finalmente llegaron a lugar seguro.

Tras la muerte del primer oficial en situación algo misteriosa, Thompson era el único que conocía la situación exacta del tesoro de Lima, pero por mucho que lo intentó, el escocés no logró reunir el dinero suficiente para volver a rescatarlo. En sus últimos años de vida, Thompson entabló amistad con un marinero llamado John Keating y, cuando estaba a punto de morir, fue a él a quien confió un mapa con la situación del tesoro.

Keating tuvo más suerte que Thompson y encontró una persona que financió su expedición, y contrató a un tal  capitán Boag para que lo llevase a la isla de Coco. Juntos encontraron la cueva, y se llevaron cuanto les cupo en los bolsillos. Por desgracia, la tripulación se dio cuenta de lo que tramaba  Keating y amenazó con matarlo a menos que confesara dónde se encontraba la cueva, pero Keating, al igual que había hecho Thompson, escapó y se escondió. La tripulación buscó el tesoro, en vano, y se marchó. Meses más tarde, un barco que pasaba junto a la isla recogió a Keating. La suerte de Boag, como suele suceder, se pierde en versiones contrapuestas. Pudo morir ahogado o a manos de Keating.

Uno de los problemas con que se enfrentan los investigadores y cazatesoros radica en saber con exactitud cómo es el lugar que buscan. La cueva  descubierta por Keating y Boag aparece en los primeros documentos, pero Keating también hablaba de una piedra con la letra K grabada y una flecha que señalaba hacia un árbol hueco. A finales de siglo se encontraron la piedra y el árbol, pero ni rastro del tesoro.

Por ello, aún hoy día siguen organizandose expediciones en busca de los tesoros de la isla de Coco.

Más información:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: