Posteado por: zco1999 | 24 abril 2013

El genoma del celacanto secuenciado

(modificado de ELMUNDO.es)

Durante 300 millones de años apenas ha evolucionado. No le ha hecho falta. Se trata del celacanto africano (Latimeria chalumnae), una enigmática especie de pez que se creía extinguida desde la época de los dinosaurios (hace unos 70 millones de años) hasta que en 1938 se encontró un ejemplar vivo en la costa africana. Así se supo que este pez con aletas lobuladas seguía habitando los mares del planeta. Aunque en las décadas posteriores se han encontrando más ejemplares y se ha descrito una segunda especie, el celacanto indonesio (Latimeria menadoensis), las poblaciones de este esquivo pez, que puede llegar a medir un metro y medio y habita a profundidades de hasta 700 metros, son muy vulnerables y todavía bastantes desconocidas para la ciencia.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha secuenciado su genoma, cuyo estudio preliminar ha confirmado lo que muchos científicos ya sospechaban: sus genes han evolucionado más lentamente que los de otros peces y vertebrados terrestres. Sus características se publican esta semana en la revista Nature.

Según sostienen los autores de este estudio, si este pez ha evolucionado tan poco es simplemente porque no lo ha necesitado. La especie que habita en la costa oriental africana vive en las profundidades del océano, en zonas estables que han cambiado muy poco en los últimos milenios.

Hablamos con frecuencia sobre cómo las especies han ido evolucinando con el paso del tiempo. Pero hay todavía algunos lugares en la Tierra donde los organismos no tienen que cambiar, y éste es uno esos casos. Los celacantos probablemente están muy especializados en ese ambiente extremo en el que no se producen cambios“, explica Kerstin Lindblad-Toh, investigadora del Instituto Broad del MIT, en EEUU, y una de las autoras de este estudio.

Del mar a la tierra

De hecho el aspecto del celacanto es muy similar al de los fósiles de sus parientes de 300 millones de años de antigüedad, pero también posee características comunes con los tetrápodos, animales con cuatro extremidades entre los que se encuentran los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos. También cuentan con aletas lobuladas los dipnoos o peces pulmonados.

Los científicos creen que los primeros anfibios con cuatro patas capaces de salir del agua y sobrevivir en la tierra evolucionaron a partir de alguna de estas especies de peces con aletas lobuladas. Según señalan, la secuenciación del genoma del celacanto ha mostrado que los peces pulmonados y no los celacantos, serían los parientes más próximos de los tetrápodos. Sin embargo, el genoma del pez pulmonado es mucho más complejo de descifrar que el del celacanto.

Por ello, el genoma de este pez, conocido popularmente como un ‘fósil viviente’ (un término acuñado por Charles Darwin para describir las especies vivas que son muy parecidas a otras que sólo han podido identificarse a través de los fósiles encontrados) está siendo comparado con el de otros animales para averiguar cómo los organismos acuáticos evolucionaron para adaptarse al ecosistema terrestre.

Para Jessica Alföldi, coautora también de este artículo, el celacanto “no es un fósil viviente, sino un organismo vivo“, pues ha sobrevivido y se ha reproducido pero su aspecto ha cambiado muy poco a lo largo de millones de años: No vive en una burbuja. Vive en nuestro mundo, y es por eso que es tan fascinante descubrir que sus genes están evolucionado más lentamente que los nuestros, señala en un comunicado de prensa de Instituto Broad.

Los investigadores también señalan las dificultades que han tenido para llevar a cabo este proyecto, que ha sido posible gracias a la colaboración internacional de científicos pertenecientes a 40 instituciones de 12 países. Y es que la escasez de celacantos y el difícil acceso a las zonas en las que viven ha hecho muy difícil conseguir las muestras para secuenciar el genoma.

Al examinar los genes que los vertebrados perdieron cuando se adaptaron a la vida terrestre, encontraron interesantes descubrimientos sobre los cambios que se produjeron. Por ejemplo, en su sentido del olfato (según su hipótesis las criaturas que se mudaron del océano a la tierra necesitaban nuevas formas de detectar sustancias químicas a su alrededor) o en su sistema inmunológico (quizás como respuesta a los nuevos patógenos que encontraron en el ecosistema terrestre).

El estudio continúa y los científicos esperan obtener próximamente más información sobre aspectos como el sistema inmunológico, la respiración o la fisiología de este pez que servirán para investigar cómo algunos organismos vertebrados se adaptaron a la vida terrestre mientras que otros continuaron viviendo en el océano.

Más información:

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