Posteado por: zco1999 | 28 junio 2015

La nacra mediterránea y el rostro de Jesús

¿Qué tienen en común el mayor bivalvo del mar Mediterráneo, la  Pinna nobilis, y el rostro de Jesús? Esta pregunta aparentemente sin sentido esconde una interesante respuesta que merece la pena conocer.

En el santuario del “Volto Santo“, de la localidad italiana de Manoppello, se venera el “Santo Rostro”, que junto con el sudario de Turín, el sudario de Oviedo es una de las imágenes aquerópitas más importantes de Jesucristo.

Se trata de un velo  que mide 17 cm de lado por 24 cm de alto que se encuentra protegido entre dos hojas de vidrio. Aunque no se conoce con exactitud cuál es el tipo de fibra del que está compuesto, ya que nunca ha sido  examinado directamente, sin los vidrios que lo protegen, parece ser que podría tratarse de un paño fabricado con algún tipo de biso marino.

El rostro de Jesús en el sudario de Manoppello.

El biso o byssus (del hebreo būṣ, ‘lino fino’; del arameo bus; del griego βίσσος, ‘un lino amarillento muy fino y el tejido que se obtiene de él, del latín byssus, algodón fino) es el producto de secreción de una glándula situada en el pie de muchos moluscos lamelibranquios como Pinna nobilis para adherirse a las rocas en la zona de marea, que se endurece en contacto del agua y toma la forma de filamento.

El biso es una fibra extremadamente fina, pero muy estable y resistente (es ignifuga e hidrofoba) que cuando se hila y se trata con zumo de limón adquiere un característicocolor dorado permanente. Con el biso de nacra mediterránea, el más abundante dado el gran tamaño del molusco y su abundancia en las aguas mediterráneas de la antigüedad (desde 1992 la nacra es una especie protegida en la Unión Europea y Croacia), se tejían preciados y costosísimos tejidos, conocidos tradicionalmente como «biso» y en la actualidad como «seda de mar», con los que se confeccionaban las ropas de personajes importantes. También se usaba la fibra para tricotar y conseguir género de punto. Su elaboración se desarrollaba en el área mediterránea (Tarento, Apulia —en el sur de Italia— y la isla de Cerdeña). Asimismo el biso tenía propiedades terapéuticas bien conocidas por los pescadores; gracias a sus potentes propiedades hemostáticas era usado para la curación de las heridas que los pescadores frecuentemente sufrían con los aparejos para la pesca.

Pinna nobilis abierta y con su biso.

Lienzos de biso marino se han hallado en las pirámides de Egipto. Una de las características del velo de Manopello es que es extremadamente tenue. La imagen es visible tanto desde la parte anterior como  desde la posterior. Si se pone un periódico detrás de la imagen, se puede lee fácilmente incluso desde lejos.

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No se sabe con exactitud desde cuándo esta imagen se encuentra en Manoppello. El padre capuchino Donato de Bomba escribió en el año 1640 un denominado “informe histórico” sobre los orígenes de la reliquia. Según este documento, un desconocido llevó a Manoppello el Velo el año 1506 y lo entregó a uno de los magnates del pueblo, un tal doctor Giacom’Antonio Leonelli, que estaba sentado en un banco frente a la iglesia. Se cuenta que el doctor entró en la iglesia y abrió el rollo en el cual estaba el Velo. Inmediatamente después salió de la iglesia pero no halló el desconocido portador del rollo que había desaparecido sin dejar rastro. Según el citado documento,  el velo con la imagen perteneció durante un siglo a la familia Leonelli hasta que fue destinado como regalo de boda para una componente femenina de la familia, Marzia Leonelli, pero no efectivamente entregado. En 1608 el marido de esta mujer, Pancrazio Petrucci, un soldado, robó el Velo en casa de su suegro. Unos años después esta mujer lo vendió por 4 escudos al doctor Donat’Antonio De Fabritiis para rescatar el marido, prisionero en Chieti. El Velo fue luego donado por la familia De Fabritiis a los Capuchinos. Esta es la información dada a conocer por el padre capuchino en 1640. Sin embargo, algunos historiadores consideran que parte de la historia facilitada por Bomba es meramente legendaria, y que la imagen no apareció en Manoppello hasta el año 1608 aproximadamente. En concreto, según el profesor Heinrich Pfeiffer, catedrático de icononografía e historia de arte Cristiano en la Universidad pontificia Gregoriana, lo único históricamente cierto del referido documento es que Marzia Leonelli vendió el Velo al Doctor Donat’Antonio De Fabritiis en el período que abarca el 1618 y el 1620.

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Según algunos historiadores, el Santo Rostro de Manoppello se correspondería con  la Verónica  conservada antes en Roma, en concreto en la  Basílica de San Pedro. Se sabe que el Papa Julio VII construyó el año 705 en la antigua Basílica de San Pedro una capilla para guardar el Velo de la Verónica, el cual era exhibido a la multitud en las grandes ocasiones. En palabras del historiador Jan Wilson, “es cosa sabida que en Edad Media y en el Renacimiento durante los años santos (generalmente cada 25 o 50 años o al cambio del siglo) la Verónica era exhibida a millones de peregrinos llegados a Roma para verla (…). En el Año Santo 1450 por ejemplo, la muchedumbre de los peregrinos fue tan grande que un día 172 de ellos fallecieron porque la vigilancia no fue adecuada“.  Sin embargo, desde la construcción de la nueva Basílica de San Pedro, la Verónica romana ya no ha sido expuesta al público, ni se han mostrado luego fotografías de ella.

A partir de estos datos, surge la hipótesis de que la Verónica romana fuera robada con ocasión de la construcción de la nueva Basílica de San Pedro, tras lo que aparecería luego en Manoppello. El año 1608 fue cuando comenzó la demolición de la parte de la Basílica antigua en la que se encontraba la capilla de la Verónica. Según esta hipótesis, esta última demolición sería el momento preciso en el que se realizó el hurto de la reliquia y su venta posterior a Manoppello. Así, y según estudios históricos citados por el profesor Pfeiffer, con motivo de la reestructuración de la Basílica de San Pedro, realizada por el Papa Pablo V (1605-1621), en 1608 se abatió la Capilla en la que se custodiaba y es probable que en esa ocasión fuera robada la reliquia. En 1618, el archivista del Vaticano Giacomo Grimaldi hizo una lista de los objetos de la antigua Basílica de San Pedro, en la que habla del relicario que custodiaba el Velo, especificando que los cristales estaban rotos. El padre Pfeiffer explica que en el velo de Manoppello, en el margen inferior, se puede ver todavía un pequeño fragmento de cristal del anterior relicario, lo que demostraría su procedencia del Vaticano.

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